Historia del nombre
Durante su construcción a finales de la década de 1790, el edificio que hoy conocemos como la Casa Blanca se llamaba oficialmente “Casa del Presidente” o “Mansión Ejecutiva”. En aquel entonces estaba construido de piedra arenisca y se pintó de un gris claro para disimular las marcas de quemadura que dejó el ataque británico durante la Guerra de 1812.
En 1818, el presidente James Monroe ordenó volver a pintar el edificio. Se eligió una pintura blanca para cubrir esas cicatrices, y con el tiempo el tono blanco se convirtió en su característica distintiva.
A medida que la población empezaba a referirse al edificio como “White House”, el nombre ganó popularidad. Finalmente, en 1901, el presidente Theodore Roosevelt adoptó de forma constante el término en inglés, consolidándolo como el nombre oficial de la residencia presidencial.