¿No hablas sueco, nunca has pisado el país y provienes de una familia humilde? Aún así, podrías terminar en el trono sueco, siempre que sea Suecia y tengas mucha suerte.
Así fue la sorprendente historia de Jean Baptiste Bernadotte, el francés que fundó la dinastía que aún gobierna Suecia. Su biografía, escrita por la historiadora sueca Margaret Beckman, se publicó recientemente en la editorial polaca Finna bajo el título "Jean Baptiste Bernadotte".
El libro narra la trayectoria de un simple soldado francés que, gracias al talento y a la fortuna, alcanzó la cúspide: Napoleón lo nombró mariscal de Francia y le concedió el título de príncipe.
Napoleón subestimó a Bernadotte, pero resultó estar muy equivocado.
En este artículo respondemos a la pregunta central: ¿por qué los suecos eligieron a Bernadotte como su futuro monarca?
Fin de la monarquía y Napoleón en la sombra
En 1810 Bernadotte era un general popular entre sus tropas, aunque Napoleón lo describía como "un comandante de talento moderado, dotado de demasiado orgullo".
El emperador francés estaba cansado de él y buscaba relegarlo a un puesto menos relevante. La situación se complicó porque Bernadotte estaba casado con Eugénie Désirée, hermana de Józef Bonaparte y ex prometida de Napoleón.
Los suecos conocían bien esos vínculos familiares, pero desconocían que Bernadotte había caído en desgracia ante Napoleón, lo que les provocó una gran sorpresa.
En la primavera de 1810, Suecia buscaba un sucesor para el anciano y enfermo Carlos XIII, sin hijos. Primero consideraron a su primo Carl August de Schleswig‑Holstein, pero este sufrió un derrame cerebral y murió. Entonces Carlos XIII recurrió al hombre más poderoso de Europa: Napoleón Bonaparte.
Napoleón no entendía la petición
Los suecos esperaban que Napoleón les propusiera a un heredero francés, preferiblemente de su familia. En su respuesta, Napoleón mostró simpatía y apoyo a la unión entre Dinamarca y Suecia, pero no sugirió ningún candidato para el trono sueco.
Algunos interpretaron que el norte no le interesaba al emperador; otros pensaron que había dejado libre elección a los suecos. Así surgió una facción pro‑francesa que promovió la candidatura de Jean Baptiste Bernadotte.
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Los lazos familiares volvieron a influir: el mariscal había recibido al conde Gustav Mörner en Lübeck y, ahora, el hijo de este le propuso el trono sueco.
¿Un rey por malentendido?
La propuesta llegó rápidamente a Napoleón, quien la recibió con desdén. Intentó ofrecer otros candidatos: su hijastro Eugène de Beauharnais, Murat, los mariscales Berthier o Masséna, e incluso a los hijos de su hermano Luis Bonaparte. Ninguno convenció a los suecos.
El comité secreto sueco consideró al príncipe von Augustenburg como el mejor, pero lo rechazó porque no hablaba sueco. Bernadotte, en cambio, sí dominaba el idioma y contaba con el apoyo de su propio diputado.
La coronación solemne de Jean Baptiste Bernadotte, conocida como Karl Johan, se realizó con gran pompa (imagen de Jacob Munch).
Los suecos creían que al elegir a Bernadotte ganarían el favor del emperador francés. Napoleón, sin embargo, reaccionó con hostilidad, enviando a Carlos XIII una carta que mostraba su sorpresa y descontento.
Napoleón intentó equilibrar su posición: permitió que Bernadotte se marchara y le entregó un millón de francos, pero lo despidió sin muestras de amistad. Cuando Bernadotte fue adoptado por Carlos XIII como Karl Johan, el emperador francés le exigió a Suecia que declarara la guerra a Inglaterra, rompiendo cualquier acuerdo previo.
En 1812, Bernadotte, ahora heredero sueco, se unió a la sexta coalición anti‑napoleónica y combatió contra el mismo hombre que había impulsado su carrera.
Fuentes
Basado en el libro: Margareta Beckman, Jean Baptiste Bernadotte: How a Soldier of Napoleon's Army Became Heir to the Swedish Throne, Finna, 2011.