Mordeduras mortales, golpes desafortunados y banquetes letales: a veces la historia se escribe con tragedias tan absurdas que parecen sacadas de una comedia.
Ni los grandes monarcas están exentos del capricho del destino. Cuando la muerte llega de forma inesperada y ridícula, el recuerdo perdura como una lección de la "justicia histórica".
7. Mordedura mortal
Algunos soberanos fallecieron por mordeduras extremadamente desafortunadas.
El rey de Escocia, Jacobo II, murió en 1460 durante el asedio del castillo inglés de Roxburgh, no por una espada, sino por el cañón que él mismo había llamado "el león". Los soldados bromeaban diciendo que "el león mordió a su amo".
Jacobo II sucumbió a la "mordedura" de su propio cañón en el asedio de Roxburgh.
El rey de Grecia, Alejandro I, murió de forma más literal: en 1920 fue mordido por un mono mientras intentaba separarlo de un perro. Tras tres semanas de grave enfermedad, falleció el 25 de octubre de 1920.
Quizá la historia más espectacular sea la del vikingo Sigurd el Poderoso, Jarl de Orkney y tío de Rollo, primer duque de Normandía. En 892, después de decapitar a su rival escocés y colocar la cabeza como trofeo, una de las muelas del enemigo se incrustó en su muslo, provocando una infección fatal.
6. Disparo "feliz"
Algunas muertes se debieron simplemente a la mala suerte.
El rey Carlos VIII de Francia se golpeó la cabeza contra el marco de una puerta y, tras complicaciones, falleció.
El rey inglés Ricardo Corazón de León, a quien el historiador Steven Runciman describió como "un hijo, marido y rey malo, pero un valiente soldado", murió en 1199 durante el asedio de Châlus‑Chabrol. Un joven arquero pretendía herirle la cabeza, pero la flecha le alcanzó el cuello desnudo. La herida inicialmente no pareció mortal, pero una infección la volvió letal.
Ricardo Corazón de León murió a causa de una flecha que, aunque falló el objetivo, provocó una infección mortal.
5. Reírse hasta morir
El exceso de placer también ha sido causa de muerte.
Martín I de Aragón, que reinó a finales del siglo XIV y principios del XV, se entregó a un banquete donde devoró un ganso entero. Tras la comida, su bufón le hizo una graciosa travesura que provocó que el rey se riera a carcajadas hasta morir literalmente de un ataque de risa.
4. Banquete excesivo
Más de tres siglos después, el rey de Suecia Adolf Federico se entregó a un festín de caviar, pescados ahumados y mariscos, regado con champán. De postre, consumió catorce semlor (pasteles tradicionales). El estómago, sobrecargado, no pudo resistir y el monarca falleció.
El exceso de semlor y una cena colosal provocaron la muerte del rey sueco.
Según los autores Cassidy y Doherty, el abdomen tiene un "punto de ruptura"; el médico sueco Algot Key‑Åberg demostró que el estómago humano tolera aproximadamente cuatro litros de alimento antes de reventar.
3. Delicias mortales
Algunos monarcas fueron víctimas de sus propios gustos gastronómicos.
En 1134, el rey inglés Enrique I "Beauclerc" murió tras consumir lampreas, su plato favorito, en exceso. El rey cayó en coma, desarrolló una fiebre alta y falleció el 1 de diciembre. Curiosamente, el médico encargado de extraerle el cerebro también murió envenenado.
Enrique I pagó con la vida su afición por las lampreas.
2. Cortesía mortal
Una muerte famosa por la necesidad de cumplir una norma de etiqueta pertenece al astrónomo danés Tycho Brahe.
En 1601, durante un banquete del rey de Dinamarca, Brahe bebió cerveza y sintió la urgente necesidad de ir al baño. La cortesía le impedía abandonar la mesa mientras el rey estaba sentado, así que aguantó hasta que su vejiga se reventó, provocando su muerte. Desde entonces, los amantes de la cerveza checa repiten que no quieren morir como Brahe, "por cortesía".
1. Noche de boda trágica (pero no como imaginas)
Attila, el temido "Azote de Dios", murió en 453 en circunstancias tan absurdas como su vida.
Según una leyenda, la muerte de Attila se debió a una simple hemorragia nasal. Otras versiones narran que, durante su boda con la princesa Ildico, se embriagó, intentó montar a caballo y chocó la cabeza contra una columna, provocando una herida mortal.