Durante medio siglo, el gobierno comunista polaco difundió una propaganda que presentaba al Ejército Rojo como libertador y a los soviéticos como héroes. Millones todavía recuerdan esa “liberación”. La realidad, sin embargo, fue muy distinta.
1. “Salvaban al amanecer y violaban de noche”
Bożena Kozłowska, de Anina, relató que el primer soldado soviético que vio la llamó “libertador”. Poco después, el mismo hombre, ebrio, intentó violar a ella y a su hermana. Solo la intervención de unos pocos soldados del Ejército Popular Polaco evitó la agresión. Casos como el de Pińczów, donde dos soldados rojos amenazaron, torturaron y violaron a una mujer, muestran que estos hechos no fueron excepciones.
Se estima que decenas de miles de mujeres polacas fueron violadas por soldados del Ejército Rojo.
2. Robos y saqueos desde el primer día
La familia Majkowski, de la aldea de Skrzeszewo, vio cómo una unidad de caballería soviética se llevó una yegua con su potrillo y se quedó con el reloj y el anillo de boda del patriarca. Al marcharse, los Majkowski quedaron sin calzado ni abrigos. Los protocolos del Instituto de Medicina Forense de Cracovia (1945) registran asesinatos y asaltos cometidos por soldados soviéticos en ciudades como Prandoty.
3. Confiscación masiva de alimentos
Stefania Pepławska recordó cómo el Ejército Rojo se apoderó de los últimos cerdos de su granja en enero de 1945. A principios de febrero, el nuevo gobierno comunista obligó a entregar al Ejército soviético 150 000 toneladas de granos, 250 000 de papas, 100 000 de heno y 25 000 de carne, lo que representó más del 30 % de la producción agrícola polaca.
Los soldados no pagaban por los bienes confiscados y a menudo ni siquiera entregaban recibos.
4. Desprecio total por la autoridad polaca
El starost de Kamienna Góra fue arrestado por soldados soviéticos mientras investigaba el asesinato de un oficial de la Milicia Ciudadana. Ni su cargo ni sus explicaciones le sirvieron de defensa.
5. Discriminación y acoso a los polacos en los territorios “reincorporados”
En Wrocław, los soviéticos mantuvieron a funcionarios alemanes en el poder y obligaron a polacos y judíos a presentarse en oficinas para asignación de trabajos. Sólo la llegada del alcalde polaco Bolesław Drobner puso fin a esta autogestión germano‑soviética.
La foto muestra la destrucción de la catedral de Wrocław en 1945.
6. Robos a prisioneros y trabajadores forzados que regresaban de Alemania
Wiesława Chełmińska‑Rupiewicz, ex‑presidiaria de Buchenwald, fue despojada de todas sus pertenencias por un oficial soviético en la estación de Varsovia Oeste en mayo de 1945 y quedó prácticamente desnuda.
En Poznań, el corresponsal soviético Vasily Grossman describió a 250 mujeres ucranianas desnutridas, casi desnudas, que fueron “liberadas” pero despojadas de todo.
7. Masivas violaciones a mujeres que regresaban a Polonia
Según la Oficina Estatal de Repatriación en Stargard, sólo unas pocas mujeres escaparon de la violación por soldados rojos. Janina Zając relató que una madre de tres semanas fue violada durante toda la noche y murió al día siguiente.
8. Desmantelamiento y exportación de la industria polaca
Fuentes soviéticas admitieron que 1 119 fábricas fueron desmanteladas y trasladadas fuera de Polonia. Hasta el 1 de enero de 1948, 283 000 vagones cargados con materias primas, maquinaria y ganado cruzaron la frontera oriental.
Se calculó que los daños causados por el Ejército Rojo superaron los 2,67 mil millones de zlotys de la época, equivalentes a más de 54 mil millones de dólares actuales.
9. Desarme y arresto engañoso del Ejército Nacional
En julio de 1945, unidades soviéticas rodearon a la 27ª División Volinia del Ejército Nacional en Skrobów bajo el pretexto de una inspección conjunta. Más de 6 000 soldados fueron desarmados y encarcelados; muchos fueron tratados como prisioneros de guerra y ejecutados.
El coronel soviético Fyodor Markov dirigió personalmente la represión; unos 50 polacos fueron fusilados y otros 80 liberados bajo estrictas condiciones.
10. Creación de una red de campos de trabajos forzados
Entre 1944 y 1945, la seguridad soviética inspeccionó más de cien campos en Polonia, muchos instalados en antiguas estructuras alemanas. Aproximadamente la mitad de los internos eran miembros del Ejército Nacional o de otras organizaciones clandestinas.
El antiguo campo de concentración de Majdanek, capturado por el Ejército Rojo en julio de 1944, fue utilizado por la NKVD para detener a oficiales polacos y a civiles sospechosos.
Conclusión
El libro “La Peste Roja” de Dariusz Kaliński documenta con detalle estos hechos y desmonta la narrativa oficial de una “liberación” sin sangre.