Antes del 7 de diciembre de 1941 existieron varios indicios que apuntaban a la posibilidad de un ataque a Pearl Harbor, pero la información disponible era insuficiente para anticipar con certeza el momento y la magnitud del asalto.
Limitaciones de la inteligencia
Las capacidades de inteligencia de EE. UU. en esa época no estaban tan desarrolladas como lo estarían durante la Guerra Fría. Las tecnologías de vigilancia y de criptoanálisis todavía estaban en fase experimental.
Los criptógrafos estadounidenses sabían que Japón utilizaba un sistema de códigos complejo, conocido como “PURPLE”, pero no lograron descifrarlo por completo hasta después del ataque.
Japón guardaba un estricto secreto sobre sus planes militares y sus comunicaciones diplomáticas a menudo empleaban un lenguaje ambiguo.
Política aislacionista
Estados Unidos había adoptado una política exterior aislacionista en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, lo que limitó la recolección de información y la cooperación con otros países, incluidos posibles aliados en el Pacífico.
Errores diplomáticos
Los funcionarios estadounidenses mantenían negociaciones diplomáticas con Japón en los meses previos al 7 de diciembre y recibieron garantías de que el gobierno japonés buscaba una solución pacífica a las tensiones en la región.
Sin embargo, algunos miembros del gobierno, incluido el presidente Franklin D. Roosevelt, sospechaban que Japón podría tomar una acción agresiva, aunque no anticiparon un ataque inminente a Pearl Harbor.
Falta de advertencias concretas
A pesar de los indicios de intenciones expansionistas japonesas, no existía una inteligencia clara o concluyente que señalara una amenaza inmediata contra Pearl Harbor.
El plan de ataque japonés fue diseñado para lograr la sorpresa estratégica, y la armada japonesa mantuvo completo silencio radiofónico durante su aproximación a Hawái.
Fracaso del reconocimiento
Los vuelos de reconocimiento militar estadounidenses en los días previos al asalto no detectaron la flota japonesa acercándose a Hawái.
En resumen, aunque el ataque fue una sorpresa, las tensiones entre Japón y Estados Unidos venían escalando desde hacía años, fruto de conflictos políticos, territoriales y económicos en el Pacífico.