Los “marineros voladores” aparecieron a bordo de los submarinos alemanes en la segunda mitad de la guerra. Eran pilotos de una extraña máquina voladora, un planeador sin motor llamado Bachstelze.
Miles de científicos e ingenieros del Tercer Reich trabajaban en proyectos tan extravagantes como útiles para la guerra. Desde helicópteros estables como el Focke‑Wulf Fw 61 (1936) hasta jets, cohetes, aviones guiados y planeadores de transporte, la innovación era constante.
Entre las ideas más insólitas surgió el giroscopio Fa 330 "Bachstelze" de Focke‑Achgelis, un planeador de rotor que podía lanzarse desde la cubierta de un submarino mediante una cuerda. ¿Cómo funcionaba y por qué se introdujo?
U‑bootwaffe en defensa
Desde 1942 la flota de submarinos bajo el mando de Karl Dönitz pasó de ser cazadora a ser cazada. El Reino Unido empleó sistemas HF/DF, descifrado en Bletchley Park y aviones de patrulla para localizar y atacar los U‑boat.
Ante la presión, los submarinos se desplazaron a aguas más remotas (Atlántico central y sur, Océano Índico) donde había menos peligros, pero también menos blancos visibles.
Falta de reconocimiento
Los capitanes que operaban en esas zonas reclamaban la ausencia de aviones de reconocimiento: estaban demasiado lejos de la costa francesa ocupada y el servicio de cripto‑inteligencia B‑Dienst ya no podía descifrar los mensajes británicos. Los submarinos quedaban casi ciegos y sordos, esperando a que una nave apareciera por casualidad.
La solución de colocar una “nido de cigüeña” en la cubierta era absurda; los ingenieros alemanes, sin embargo, idearon algo más avanzado: un planeador que se lanzara como una cometa y que, gracias a sus rotores, pudiera mantenerse en el aire sin motor.
El Arado Ar 231, un pequeño hidroavión monomotor, resultó inestable y tardaba mucho en desplegarse, por lo que se descartó rápidamente.
El “Bachstelze” entra en escena
Se optó por un planeador de rotor: el Fa 330, construido por Weser‑Flugzeugbau en Hoykenkamp. Tenía un diámetro de rotor de 7,5 m, una longitud de 4,45 m y pesaba 68 kg. El aparato, de acero, se guardaba en tres contenedores herméticos y podía ensamblarse en minutos.
En pruebas en el Mar Báltico (bahía de Gdańsk) el planeador demostró ser eficaz, aunque perdía sustentación con vientos leves y aparecía como gran eco en el radar, lo que llevó a su abandono en el Atlántico Norte.
Operación en alta mar
A partir de 1943 los U‑boat tipo IXD2 fueron equipados con dos o tres “marineros voladores”. Los pilotos se entrenaban en túneles de viento y tirando del planeador detrás de camiones. En plena travesía, los contenedores se abrían, se ensamblaba el Fa 330 y, con el submarino a gran velocidad contra el viento, se lanzaba la cuerda. El piloto, conectado por teléfono por cable, controlaba la altura (hasta 120 m) y la dirección. Desde esa posición podía observar un radio de 25 nm (≈ 46 km), frente a los 9 km que alcanzaba la observación desde la periscopio.
Sin embargo, el planeador tenía serias limitaciones: sólo podía lanzarse con viento favorable y buena visibilidad; el despliegue llevaba al menos 20 minutos; y si el viento era débil había que desmontar los rotores, lo que retrasaba el lanzamiento.
En caso de ataque enemigo, la tripulación debía cortar la cuerda y sumergir el submarino, dejando al piloto a la deriva con chaleco salvavidas. En emergencias, el piloto podía abandonar el planeador y usar el paracaídas situado tras el asiento.
Resultados y legado
Se fabricaron alrededor de 200 unidades del Fa 330. Sólo se documenta un uso exitoso: en agosto de 1943 el U‑177, patrullando el Océano Índico, lanzó su “Bachstelze” y el piloto observó el vapor griego Efthalia Mari, que fue hundido con dos torpedos. En total, el Fa 330 realizó más de 150 vuelos, pero rara vez se avistaron blancos.
En mayo de 1944, un U‑852 fue derribado frente a Somalia; los británicos recuperaron un Fa 330 entre los restos. Tras la guerra, la Marina Real probó el planeador sin encontrarle utilidad; los pocos ejemplares restantes fueron donados a museos (5 en Reino Unido, 2 en EE. UU., 3 en Alemania y 1 en Francia).
Desde la perspectiva histórica, el proyecto del Fa 330 fue un gasto de recursos sin gran impacto: sólo un buque hundido a cambio de 200 planeadores. Habría sido más provechoso invertir en tecnologías de propulsión sumergida que ya existían desde 1933.