El túnel más bello de los Países Bajos recibe ahora una biografía escrita por su ex‑director, Henk van der Maas. En su libro narra los temores sobre la seguridad durante la obra, los cuatrocientos mil azulejos que lo recubren y los tres jóvenes que fueron los primeros en atravesarlo.
Construcción pionera
Desde su inauguración, innumerables automóviles, ciclistas y peatones han cruzado el Maastunnel. Sin embargo, en sus inicios hubo serias dudas sobre su viabilidad. A diferencia de los túneles de carretera de la época, que se excavaban bajo el lecho del río, el Maastunnel se construyó como una estructura rectangular que se hundió y ancló al fondo del cauce, una técnica nunca antes empleada. Además, se usó hormigón en lugar de acero, lo que generó aún más incertidumbre.
En 1937, la revista técnica De Ingenieur publicó un alarmante artículo del ingeniero C. Tellegen, advirtiendo sobre posibles hundimientos y filtraciones. Los ingenieros rotterdames, sin embargo, confiaron en la solución del profesor danés Bretting, que aseguraba las secciones del túnel al lecho del río. El proyecto se convirtió en una obra maestra de la ingeniería, copiándose en todo el mundo.
Un símbolo de Rotterdam
Hoy el Maastunnel forma parte esencial del paisaje urbano, al nivel de la Erasmusbrug, la Laurenskerk, el Markthal o el Groothandelsgebouw. A diferencia de esos monumentos visibles, el túnel se oculta bajo las aguas de la Nieuwe Maas, lo que lo hace menos llamativo pero igualmente emblemático.
La publicación de esta biografía es oportuna. Van der Maas, con su experiencia como antiguo gestor del túnel y su pluma ágil, ofrece un libro bellamente ilustrado que combina anécdotas personales con explicaciones técnicas de la construcción.
Los primeros corredores
Los planes del túnel surgieron antes de la Segunda Guerra Mundial, motivados por el creciente número de automóviles y la expansión del puerto, que exigían una mejor conexión entre el norte y el sur de la ciudad. La obra continuó durante la ocupación y su inauguración oficial estaba prevista para 1942 bajo la supervisión nazi y del consejo municipal del NSB. Sin embargo, la historia cuenta que tres jóvenes, con zapatos rotos y ropa desgarrada, fueron los primeros en cruzar el tubo del túnel, convirtiéndose en los “primeros mensajeros” de Rotterdam.
Esta anécdota resonó entre los habitantes, que preferían ver a tres chicos valientes abrir el paso antes que a los ocupantes que habían devastado la ciudad. Varios testimonios afirman haber sido los primeros en atravesarlo, según concluye Van der Maas. Al final de la guerra, los nazis intentaron destruir el túnel con explosivos; la resistencia realizó varias acciones de sabotaje que lograron evitar la detonación.
Ingenieros valientes
Tras la guerra, Rotterdam se reconstruyó y el puerto creció rápidamente. El Maastunnel cuenta con cuatro tubos: dos para tráfico automotor, uno para ciclistas y otro para peatones. La gran afluencia provocó atascos de bicicletas frente a las entradas, que tuvieron que ser controlados por la policía.
Van der Maas muestra cómo la turbulenta historia del Maastunnel está entrelazada con la de Rotterdam en el siglo XX: la audacia de sus ingenieros, la influencia de la guerra y la recuperación posterior de la ciudad. Actualmente, el icónico túnel está siendo renovado y preparado para el futuro, demostrando su importancia y fascinación.