Orígenes medievales
Los primeros intentos de registrar vocabulario se remontan a la antigüedad: listas de palabras cuneiformes de hace más de 4 000 años. En el contexto neerlandés, la tradición comienza en el siglo XIII, cuando los escribas elaboraban glosarios de latín con explicaciones en holandés, la lengua de los alfabetizados de la época. Estas colecciones se copiaban y adaptaban a dialectos locales, convirtiéndose en verdaderos glosarios o vocabulários. El glosario holandés más antiguo, fechado en 1240, incluye términos como husrat (utensilios domésticos), ellenboghe (sí, con n) y steal (robar).
La imprenta
La invención de la imprenta a finales de la Edad Media supuso una revolución para la lexicografía. No solo permitió imprimir diccionarios en tiradas mucho mayores, sino que también favoreció la uniformidad y sistematización de las entradas.
En 1477 se publicó en Colonia el primer diccionario que no trataba el latín, sino el neerlandés (más concretamente el dialecto bajo rínico, una variante holandés‑alemana). Un siglo después, la imprenta floreció en Amberes, donde trabajó el destacado lexicógrafo Cornelis Kiliaan. Kiliaan fue pionero al incluir información sobre dialectos, etimología y uso; por ejemplo, anotaba que armbow en 1599 estaba marcado como ‘vetus’ (obsoleto) y remitía a ellen‑boghe.
Multilingüismo en la Edad de Oro
Durante el siglo XVII, la República de los Países Bajos se consolidó como potencia comercial. Comerciantes, artistas y científicos necesitaban manejar varias lenguas, lo que dio origen a numerosos diccionarios multilingües (polyglots) con dos, cuatro o más idiomas. Además del francés, alemán e inglés, aparecían también el español y el polaco.
En esa época el holandés absorbía muchos préstamos del latín y del francés. Surgieron diccionarios especializados que traducían términos técnicos y, a veces, reinterpretaban palabras para promover el uso del holandés. Así, repairable se explicó como “reparable” y virus como “pus venenoso” (significado de 1663).
Orgullo lingüístico
Un diccionario también es símbolo de la riqueza de una lengua. En el siglo XIX se materializó esa idea con el monumental Woordenboek der Nederlandsche Taal (WNT). Publicado por el Instituto de Lexicología Neerlandesa (INL) hasta 1998, el WNT cubre la evolución del holandés desde 1500, ilustrando cada acepción con citas que van desde poesía hasta manuales técnicos y traducciones bíblicas.
Con 43 volúmenes y más de tres metros de estantería, el WNT registra, por ejemplo, 23 significados diferentes de la palabra “vrouw” (mujer) y cientos de expresiones y proverbios. Obras complementarias del INL se centran en el holandés anterior a 1500, esenciales para filólogos que estudian textos antiguos.
Diccionarios escolares
Paralelamente al WNT, el siglo XIX vio nacer los primeros diccionarios escolares, tanto de lenguas extranjeras como de holandés. Uno de los más conocidos es la Van Dale, que pasó de un pequeño libro en 1872 a la actual edición de tres tomos, la “Dikke Van Dale”. Estos diccionarios no solo describen la forma escrita, sino también matices de uso: registro (formal, coloquial), ámbito (técnico, juvenil) y connotaciones.
Los diccionarios escolares son normativos, establecen cómo debería sonar el neerlandés estándar; los diccionarios generales, en cambio, son descriptivos y reflejan el uso real, aunque a menudo se citan como autoridad en debates sobre vocabulario.
¿Diccionario o Google?
La digitalización ha supuesto una segunda gran revolución. Cada vez más consultas se hacen en línea, pero la información que encontramos proviene en gran medida de diccionarios impresos que han sido digitalizados.
Proyectos como el Algemeen Nederlands Woordenboek (ANW) aprovechan bases de datos digitales para incluir mucho más material léxico y ofrecer búsquedas y análisis mucho más rápidos. Los editores combinan su conocimiento lingüístico y cultural con los recursos existentes para describir palabras de forma completa y fiable.
Nunca desechar los viejos volúmenes
El vocabulario evoluciona constantemente. Los diccionarios digitales pueden añadir nuevos léxicos sin limitaciones de espacio, pero los volúmenes impresos siguen siendo valiosos: conservan la evidencia de qué palabras se usaban en cada época. Así, medicine y medicine aparecen por primera vez en 1658, mientras que biología surge en 1824. En impresos de principios del siglo XX se encuentran expresiones como “manguera de fuego a vapor”, “tranvía a vapor” o “calefacción a vapor”. Por eso, los diccionarios antiguos son fuentes esenciales para la historia lingüística y cultural.