Hoy en día muchos lo consideran el “padre de la computación”. En 1936 el matemático británico Alan Turing formuló conceptos que sentaron las bases de la revolución informática. Sin embargo, el brillante Turing también tuvo que enfrentar su homosexualidad en una época en la que era criminalizada.
Los primeros años
Tengo recuerdos claros de mi ingreso, a los 14 años, al Sherborne School, un internado privado a casi 100 km de mi casa. Llegué en bicicleta, y la huelga nacional de transporte me obligó a pasar la noche en el camino antes de llegar.
Mis padres esperaban que siguiera una educación clásica, pero yo pasaba días inmerso en problemas de matemáticas avanzadas y en la teoría de la relatividad de Albert Einstein.
Una amistad que cambió todo
En la escuela conocí a Christopher Morcom, un compañero que compartía mi pasión por la ciencia y las matemáticas. Intercambiábamos notas llenas de acertijos y reflexiones.
Su muerte súbita por tuberculosis, probablemente contraída al consumir leche contaminada, me devastó. Lo que pocos sabían entonces era que Christopher había sido mi primer amor.
Del dolor a la máquina de Turing
Ese duelo orientó mi curiosidad hacia la conciencia. Me preguntaba: ¿qué ocurre con la conciencia cuando alguien desaparece repentinamente? Leí todo lo que encontré sobre el cerebro: biología, filosofía, lógica matemática y mecánica cuántica.
Concluí que el cerebro humano era, en esencia, una máquina extremadamente inteligente que podía describirse mediante lógica matemática. De allí nació la idea de una máquina universal de cálculo, que más tarde se conocería como la máquina de Turing.
Imaginé un dispositivo capaz de escribir y leer símbolos (0 o 1) sobre una cinta infinita. Con unas reglas muy simples, esa máquina podía realizar sumas; si se le dotaba de suficiente memoria y velocidad, podía ejecutar cálculos mucho más complejos.
La guerra y la criptoanálisis
Durante la Segunda Guerra Mundial fui reclutado por el Government Code and Cipher School en Bletchley Park para romper los códigos de la máquina Enigma alemana. Trabajé en aislamiento, mejorando la “Bomba” polaca y, a partir de 1942‑43, logramos descifrar mensajes secretos que, según los propios militares, cambiaron el curso de la contienda y salvaron cientos de miles de vidas.
El contacto con sistemas electrónicos durante el conflicto me sirvió luego para contribuir al desarrollo de uno de los primeros ordenadores reales.
El ACE y la explosión de la memoria
En 1950 co‑desarrollé el ACE, el ordenador más rápido del mundo en aquel momento, con una memoria de unos 25 KB. Hoy, los ordenadores domésticos disponen de cientos de megabytes, ¡cien millones de veces más!
En mi época la computadora estaba confinada al laboratorio y se usaba principalmente para cálculos científicos o para procesar imágenes de radar militares.
Persecución y trágico final
En 1952 fui condenado por homosexualidad, considerado un delito. Perdí mi autorización para trabajar para el gobierno y me enfrenté a la opción de prisión o castración química. Opté por la segunda, pero los efectos del tratamiento hormonal me provocaron cambios físicos insoportables.
La vida se volvió insoportable; pensé en el suicidio varias veces y, finalmente, en 1954 ingerí cianuro.
Legado
Hoy soy citado entre los 100 científicos más influyentes del siglo XX y muchos me recuerdan como un héroe de guerra, aunque en mi tiempo esa “reconstrucción” no me sirvió de nada.
Entrevistas ficticias de Kennislink
En la serie “Inventores falsos hablados” Kennislink imagina conversaciones con ocho grandes inventores, entre ellos Turing, Nikola Tesla, Alexander Graham Bell y otros.
Otros inventores entrevistados
- La mujer autodidacta: Josephine Cochrane y su lavadora.
- El pensador: Alexander Graham Bell y el teléfono.
- El solitario: Theodore Maiman y el láser.
- El problemático: William Shockley y el transistor.
- El emprendedor: Johannes Gutenberg y la imprenta.
- El modesto: Alexander Fleming y la penicilina.
- El excéntrico: Nikola Tesla y la corriente alterna.
Estas entrevistas, aunque ficticias, buscan acercarnos a la vida personal y profesional de los genios que cambiaron el mundo.