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¿El mayor traidor de la campaña de septiembre? La vergonzosa deserción del capitán del ORP Orzeł

Cuando el capitán de un submarino abandona su puesto, la noticia se extiende rápidamente. La traición del comandante del ORP Orzeł, el submarino más famoso de la historia polaca, sigue despertando pasiones y generando debates acalorados. ¿Qué ocurrió realmente?

El teniente comandante Henryk Kłoczkowski era considerado el mejor submarinista de la Armada polaca antes de la guerra. No es de extrañar, entonces, que se le asignara el mando del ORP Orzeł, orgullo de la flota submarina de la Segunda República Polaca. Cuando tomó el mando, nadie sospechaba que mancillaría el honor del oficial abandonando arbitrariamente su puesto.

Primeras señales de problemas

Los indicios de que Kłoczkowski no estaba cumpliendo con sus responsabilidades aparecieron en la primavera de 1939, varios meses antes de la campaña de septiembre. Con el paso del tiempo la situación empeoró y, en la víspera del estallido de la guerra, a pesar de la tensión extrema en la línea Varsovia‑Berlín, el comandante descendió del submarino y entregó pases a algunos tripulantes.

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Cuando Henryk Kłoczkowski (sentado, segunda silla a la izquierda) asumió el mando del Orzeł, nada apuntaba a que empañaría el honor del buque.

Así, cuando los alemanes atacaron Polonia, Kłoczkowski no estaba a bordo del Orzeł. Llegó al puerto apenas el 1 de septiembre a las 6:30, cuando los submarinos OORP Ryś, Sęp, Wilk y Żbik ya habían zarpado.

La falta de liderazgo no mejoró cuando el Orzeł se enfrentó a la Kriegsmarine. Por el contrario, los continuos éxitos alemanes minaban cada vez más la moral del capitán.

Al segundo día de guerra, tras el encuentro entre el Orzeł y el submarino Wolf, el capitán de este último, Bogusław Krawczyk, observó que el estado moral de Kłoczkowski era nulo. El comandante estaba desanimado, indignado y hablaba de una guerra sin sentido, como si hubiese traicionado una causa clara.

El ataque del 4 de septiembre y la decisión de huir

El punto de inflexión llegó la tarde del 4 de septiembre, cuando un avión alemán atacó al Orzeł. El submarino se sumergió de inmediato a 70 metros, pero una bomba de profundidad explotó peligrosamente cerca, provocando daños menores a bordo.

El asalto afectó profundamente la moral de Kłoczkowski. Sin autorización superior, decidió que era momento de dirigir el submarino hacia el norte, a la zona de Gotland.

El cambio de rumbo no calmó sus nervios. El 8 de septiembre comenzó a quejarse de problemas de salud misteriosos. Según Kacper Śledziński, en su libro *Coraje de los vencidos. Héroes polacos de la guerra submarina*, se sospechó de tifus o apendicitis.

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En febrero de 1939 el Orzeł fue aclamado en Gdynia. Unos meses después, el capitán no soportó la presión y desertó.

Un rumor se propagó entre la tripulación: el comandante habría colapsado nerviosamente y buscaba cualquier excusa para desembarcar. El almirante José Unrug, al enterarse del suceso, tomó una decisión clara: o se llevaba al comandante a un puerto neutral y continuaba el barco bajo el segundo oficial, o se intentaba, de noche, llevar al Orzeł a Hel para cambiar de mando.

Deserción hacia Tallin

Kłoczkowski no pretendía regresar a la costa polaca. Después de cuatro días de vacilación, eligió como puerto seguro la distante Tallin, aprovechando sus contactos de la escuela naval de San Petersburgo.

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El submarino arribó a Tallin el jueves 14 de septiembre a las 21:30. Los estonios, aunque permitieron la entrada y empezaron a reparar el compresor dañado, tenían otros planes.

Esa misma noche una lancha con marineros estonios se acercó al Orzeł e intentó internar a la tripulación. Kłoczkowski reaccionó ordenando avanzar, lo que obligó a los estonios a sumergirse inesperadamente en el helado Báltico.

Tras detenerlos, mantuvo una larga conversación con el oficial estonio; el contenido es desconocido, pero influyó decisivamente en su futuro. Horas después, otra embarcación se acercó y Kłoczkowski, sin notificar a sus superiores ni a sus hombres, abordó nuevamente.

Llevó dos grandes maletas, una máquina de escribir y una fusil de caza y se internó en un hospital de Tallin, dejando claro que no pretendía regresar al Orzeł. La tripulación quedó abandonada a merced de los estonios.

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La decisión de Kłoczkowski dividió a la tripulación y minó su moral. Afortunadamente, el primer oficial del Orzeł, el capitán Jan Grudziński, tomó el mando. Gracias a su ingenio y al valor de la tripulación, el submarino escapó de Tallin y, sin mapas ni armas, alcanzó Escocia el 14 de octubre de 1939.

Repercusiones y juicio

El abandono del comandante generó un amplio debate entre oficiales y marinos tanto del Orzeł como del Wolf, la segunda unidad que logró llegar a Gran Bretaña. Según Śledziński, la noticia de la traición “enfureció a los oficiales”. El teniente Romanowski defendió fervientemente a Kłoczkowski, incapaz de aceptar que un hombre “de reglas estrictas y gran patriota” pudiera traicionar.

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El caso se cerró casi tres años después. Tras salir de la URSS con el ejército de Anders, Kłoczkowski llegó a Londres. El 17 de junio de 1942 el Tribunal Marcial Naval dictaminó que había desertado. La sentencia fue la siguiente:

Degradado al rango de marinero y expulsado de la Armada. Además, se le impuso una pena de cuatro años de prisión, pena que nunca se ejecutó.

Fuentes

Trivia es la esencia de nuestro sitio: materiales breves sobre anécdotas interesantes, detalles sorprendentes del pasado y curiosidades de la prensa antigua. Este artículo se basa en:

  • Kacper Śledziński, Coraje de la desesperación. Héroes polacos de la guerra submarina, SIW Znak, 2013.