Una visión crítica de la buena gobernanza en los Países Bajos
Hoy los Países Bajos son reconocidos internacionalmente como uno de los países menos corruptos. Sin embargo, el historiador Ronald Kroeze (VU) demuestra en su tesis doctoral que el desarrollo de una gobernanza eficaz estuvo acompañado de casos de corrupción y nepotismo.
Desde 1993 Transparency International publica anualmente un índice de corrupción. Los países cuyas poblaciones perciben su política como menos corrupta encabezan la lista, y los Países Bajos aparecen siempre entre los diez primeros. Los holandeses tienden a considerar su nación como un ejemplo de Estado incorrupto y de administradores honestos.
Kroeze, sin embargo, se adentró en los archivos parlamentarios para analizar la fase “crítica” que va desde la reforma constitucional de Thorbecke en 1848 hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. “El desarrollo de una gobernanza democrática y eficaz es inseparable de los escándalos de corrupción”, afirma en una entrevista.
Al rastrear los escándalos que sacudieron la política neerlandesa en ese período y la forma en que fueron gestionados, se observa claramente la evolución de la concepción de “buena gobernanza”.
Política inmoral
Un caso paradigmático es el escándalo Billiton. En 1882 el gobernador general de las Indias Orientales Holandesas concedió a la Billiton Maatschappij el derecho a explotar el estaño de la isla indonesa del mismo nombre. Si la concesión se aprobaba, más de 70 millones de florines beneficiarían a los directores y accionistas pertenecientes a la alta burguesía y la nobleza.
Según Kroeze, la fuerte reacción pública mostró que la mayoría política había adoptado la idea de que los bienes del Estado no debían servir a una élite reducida, considerándose un acto inmoral. A principios del siglo XIX era mucho más habitual que la élite se enriqueciera con fondos públicos.
Otro ejemplo es el “asunto de la carta de Limburgo”. En 1865 surgió una gran polémica cuando se descubrió que el ministro liberal G.H. Betz, del gabinete de Thorbecke, había prometido a los votantes de Limburgo en una carta que no se impondría un aumento de impuestos si apoyaban al partido liberal durante las elecciones de 1864.
La Cámara de Representantes tomó el caso con suma seriedad y Betz se vio obligado a dimitir. El episodio evidenció que la mayoría de los diputados consideraba obsoleto el ideal liberal de autogobierno gestionado por una pequeña élite; la representación proporcional y la política de partidos ganaban aceptación.
Primer trabajo de referencia
Kroeze señala que, a diferencia de países vecinos, “no existía un estudio histórico sobre la corrupción política en los Países Bajos”. Su tesis busca llenar ese vacío, mientras que en Inglaterra y Francia ya se han realizado investigaciones sistemáticas sobre estos asuntos, aunque siguen ocultas en archivos.
Al explicar el retraso neerlandés, Kroeze indica que “la acusación de corrupción siempre ha sido tomada con gran seriedad, en parte porque la élite administrativa es extremadamente igualitaria. El gobierno nunca estuvo dominado por una nobleza distante, como ocurrió en Francia”.
“La élite liberal tuvo que legitimar constantemente su poder; las acusaciones de corrupción se suavizaban y matizaban. Un Estado autoritario, como el alemán, siempre estaba al acecho cuando la incipiente democracia liberal holandesa flaqueaba”.