Una vida de fiesta y privilegio
En el siglo XIX la educación universitaria estaba reservada a una élite reducida. En los Países Bajos, alrededor de 1850 había apenas 1.500 estudiantes; para el año 2000 esa cifra había aumentado a casi medio millón.
El estudiante típico
La mayoría provenía de familias acomodadas, por lo que la perspectiva de conseguir un buen empleo estaba prácticamente garantizada por su origen. El objetivo principal de la vida universitaria no era el estudio, sino socializar y consolidar contactos en los círculos adecuados.
Rutinas cotidianas
Los diarios de la época relatan jornadas llenas de infinitas tazas de té, largas caminatas, partidas de billar y noches de copas en los clubes. Entre una actividad y otra, los estudiantes asistían al teatro, organizaban viajes al extranjero e, incluso, dedicaban algo de tiempo al estudio, aunque este quedaba en un segundo plano.
Exclusión de la mujer
La universidad seguía siendo un espacio prohibido para las mujeres. Algunos estudiantes buscaban su placer sexual en prostitutas o en chicas civiles, y, según sus anotaciones, temían más contraer una enfermedad venérea que reprobar un examen.