El patrimonio cultural está bajo los reflectores. No solo los científicos investigan al respecto; todo el mundo tiene una opinión. El debate sobre Zwarte Piet es un buen ejemplo: ¿una tradición holandesa que no debería ofender, o sí? Zwarte Piet ya cambió de aspecto sin problemas; ¿por qué ahora genera polémica? Los investigadores del programa NWO Dinámica Cultural buscaron responder preguntas como esta.
Más de cincuenta científicos de distintas disciplinas y universidades participaron en el programa de investigación Dinámica Cultural (2009‑2014). Cada uno, desde su especialidad, analizó la percepción del patrimonio cultural holandés en individuos, grupos y sociedades. Sus hallazgos pretenden revelar los procesos dinámicos que determinan qué se considera patrimonio y por qué es importante. El patrimonio no se limita a edificios o cuadros; incluye hábitos, rituales y expresiones culturales como relatos, moda y fotografía.
Los resultados fueron recogidos por Warna Oosterbaan en el informe periodístico del libro Ons erf. Identity, heritage and cultural dynamics. Oosterbaan utiliza la definición del historiador Willem Frijhoff: "Algo que nos llega del pasado con la misión de usarlo y transmitirlo a las generaciones futuras".
Transmitimos a los niños arte, arquitectura, historias y rituales. Con el tiempo, reevaluamos su valor. Van Gogh no se cansó de su obra, y hoy pagamos millones por ella. Un edificio que ahora nos parece feo podría ser declarado monumento dentro de cincuenta años. Las tradiciones adquieren mayor relevancia cuando se ponen en cuestión. ¿Qué ocurre entonces?
Pasatiempo de izquierda
Nuestro variado patrimonio no es estático. Los cambios sociales modifican su visión: en épocas de crisis, el arte se percibe como un costoso pasatiempo de izquierdas. Pero no solo los cambios políticos y económicos generan dinamismo. El patrimonio de nuevos grupos sociales se mezcla con el existente. Algunos lo ven como enriquecimiento, otros como una violación de sus propias tradiciones. Cada persona asigna distinto valor a (partes de) su patrimonio.
Los objetos externos que son importantes en rituales también provocan reacciones, emociones y recuerdos. No podemos ver esos objetos aislados de los actos rituales ni considerarlos "cosas ordinarias". Detrás del patrimonio a menudo hay tristeza. El campo de tránsito de Westerbork, hoy frecuentado por visitantes, cuenta una historia que pasó desapercibida hasta los años setenta. A veces la gente prefiere olvidar el "patrimonio doloroso": tanto la herencia material como los recuerdos y eventos del pasado.
Con el paso del tiempo, nuestra percepción del patrimonio cambia, no solo la física sino también las ideas. Nuestra cultura evoluciona junto a las relaciones sociales. Lo que hacía cincuenta años era normal —la mujer detrás del fregadero, sin igualdad con el marido, el sirviente que no cuestionaba a su jefe— hoy es impensable. Asimismo, la discriminación por género, religión, raza o preferencia sexual ya no se considera natural. Estos cambios se reflejan en las expresiones culturales de entonces y ahora. Por ejemplo, el cómic "Batalla por los pantalones" invierte los roles tradicionales: la mujer es la jefa y el hombre realiza las tareas domésticas. No es un modelo de emancipación, sino una advertencia de lo que no debemos hacer.
Patrimonio cultural: ¿qué hacemos con él?
Para no olvidar cómo pensaban, qué consideraban normal y cómo actuaban, es esencial conservar e investigar estas expresiones culturales y mirarlas con objetividad. Eso resulta complicado, precisamente por los cambios de mentalidad. Los objetos museísticos han recibido distintas interpretaciones a lo largo de los años, no solo por el avance científico, sino también porque los investigadores rellenaban vacíos con su propia visión occidental.
Oosterbaan cita el caso de dos escobas surinamesas usadas en rituales winti como "obias". Llegaron a los Países Bajos en 1873 bajo el nombre de "escobas de esclavos". Los curadores no imaginaban que los esclavos cristianizados después de 1863 seguirían fabricándolas. Su teoría sostenía que debían haber sido hechas por los maroons paganos, y que al no encontrarse escobas, los maroons debían haberse convertido al cristianismo. En 2010, tras una exhaustiva investigación de archivos, se reconstruyó la historia completa de esas escobas. Hoy están en el Tropenmuseum de Ámsterdam, con una nueva interpretación que demuestra la fusión entre la cultura de plantación y la de la selva.
¿Teoría racial fascista o cultura holandesa?
Otro ejemplo de dinamismo cultural es la antropología física, florecida en el siglo XIX. Mientras la antropología cultural estudia diferencias entre culturas, la física analizaba supuestas diferencias biológicas entre grupos. Según teorías de entonces, la forma de un cráneo podía indicar la raza, rasgos criminales o incluso lazos con neandertales.
En los depósitos del Tropenmuseum se guardan cientos de huesos y cráneos, muchos provenientes de la antigua Indias Orientales Holandesas y Papúa Nueva Guinea. Los investigadores medían esos restos bajo la premisa de que los pueblos aislados reflejaban una pureza biológica. El colonizador holandés se consideraba superior y menospreciaba la veneración de ancestros y la autonomía de los papúes.
Se excavaron y comercializaron huesos sin consentimiento, y se enviaron datos a los Países Bajos. No solo en las colonias, también pescadores de Urk fueron catalogados como una “raza distinta” y sus cráneos medidos secretamente hasta los años 30 para sustentar la teoría racial.
Hoy la antropología física se mira con otro enfoque. Las teorías raciales del siglo XIX fueron rechazadas tras la Segunda Guerra Mundial y sus doctrinas fascistas. Los avances científicos no respaldaron esas mediciones, aunque la esperanza persistió. Nuevas técnicas, como el ADN, pueden ofrecer información, pero también plantean dilemas éticos.
Surge entonces la pregunta: ¿qué hacemos con un patrimonio adquirido de forma injusta? Los cráneos de Urk fueron devueltos y reenterrados, pero no ocurre lo mismo con todos los restos coloniales. Exhibirlos ya no es aceptable, salvo que formen parte de objetos rituales. Los huesos permanecerán en los depósitos para investigaciones futuras; el análisis de ADN podría revelar más, pero también reabrir viejas heridas.
Lecciones del patrimonio
Nuestro patrimonio es dinámico y aceptar esa fluidez no siempre es fácil. Los estudios de dinámica cultural demuestran que el valor del patrimonio no es objetivo; cambia con el tiempo y se utiliza para defender tradiciones o impulsar debates, lo que a su vez aumenta su valor: ¡no nos quiten lo que consideramos típicamente holandés!
Los investigadores no tienen una respuesta definitiva: ¿debemos conservar una tradición solo porque siempre se ha hecho? ¿Mantener todo lo antiguo por su valor histórico? Eso es imposible y poco realista. El cambio es parte de la vida. En los museos, los objetos pueden permanecer, pero su significado se transforma. El propio edificio del Tropenmuseum ilustra esta dinámica: una oda a las colonias holandesas con esculturas de animales tropicales, que antes era orgullo nacional y hoy sirve como recordatorio de un pasado colonial que preferimos no celebrar. El patrimonio cultural, como Campamento Westerbork o la "batalla por los pantalones", se convierte en lección del pasado.