historia historica

Del oficinista a la secretaria y hasta la jefa de oficina

De la estereotipación al reconocimiento profesional

El término secretaria ha estado cargado de imágenes cliché y, tradicionalmente, de una connotación femenina. La mujer moderna quiere desprenderse de ese estigma y ser valorada como cualquier otro empleado, sin que su género intervenga.

El estereotipo en la cultura popular

En la serie Mad Men, la secretaria Joan Holloway declara: «Puede que parezca que busca una secretaria, pero la mayoría de las veces buscan una mezcla entre madre y camarera». Este comentario refleja la visión tradicional: la secretaria como figura atractiva, sumisa y siempre dispuesta a servir al jefe.

Un dominio originalmente masculino

Hasta principios del siglo XX, los despachos eran casi exclusivamente masculinos. El puesto de oficinista o clerk era uno de los más respetados, pues implicaba confianza y conocimiento profundo de la empresa.

Alrededor de 1900, la mecanización –teléfono, máquina de escribir– abrió la puerta a las mujeres. En la Exposición Nacional del Trabajo Femenino de 1898, la doctora Catharina van Tussenbroek abogó por una formación profesional que permitiera a las mujeres vivir de su propio trabajo.

El papel del mecanógrafo

El historiador Anna Davin describió a la máquina de escribir como "el caballo de Troya del sexo débil", pues facilitó la entrada de las mujeres en un entorno antes dominado por hombres. Sin embargo, la sociedad les otorgó contratos especiales, los cuales se cancelaban al casarse, y sus salarios eran considerablemente menores.

Resistencia masculina

Los hombres veían a sus nuevas compañeras como competencia y cuestionaban su capacidad para el ritmo exigente del negocio, alegando ausencias por “malestares mensuales” y cambios de humor.

Con el aumento del personal surgieron puestos de supervisión, pero la idea de que esos cargos debían ser exclusivamente masculinos persistía.

El Instituto Schoevers

En 1913 se fundó el Instituto Schoevers, creado por Adriaan Schoevers para ofrecer cursos de taquigrafía y mecanografía. Su método combinaba el “touch‑typing” con el ritmo del Charleston, haciendo las lecciones más dinámicas.

El instituto se centró en jóvenes mujeres, considerándolas ideales para el puesto de secretaria y viendo en la máquina de escribir una herramienta de emancipación económica. Las demostraciones y los “conciertos de mecanografía” aumentaron la fama del programa.

La secretaria como símbolo de emancipación y de feminización del trabajo

El cargo de secretaria se convirtió en una vía de progreso para muchas mujeres, aunque la insistencia en cualidades “femeninas” –cuidado materno y obediencia– perpetuó la imagen de la “hada madrina” que trabajaba invisiblemente al servicio de sus jefes masculinos, como señaló la revista feminista Opzij en los años 80. Fue también la época en que surgió el Día de la Secretaria, importado de EE. UU.

Del término “secretaria” a roles más neutrales

Hoy en día el vocabulario está cambiando: office manager, assistant ejecutivo o coordinador administrativo sustituyen gradualmente a “secretaria”, buscando mayor respeto y reconocimiento. Asimismo, movimientos de “dessecretarización” pretenden adaptar la profesión a la revolución digital, donde smartphones, laptops e iPads son herramientas cotidianas tanto para hombres como para mujeres.

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