La imagen que la Rusia soviética, y luego la Unión Soviética, imprimió en la mente de los polacos no resultó atractiva, sobre todo en lo que respecta a la diplomacia. Las generaciones mayores la asocian con Andrei Gromyko, apodado "Señor No", quien durante la Guerra Fría respondía a las propuestas occidentales con un rotundo "nie".
Ese patrón de respuesta, aunque carente de sutileza, se convirtió en el canon de la diplomacia soviética y, más tarde, rusa. Resulta difícil reconocer que no siempre fue así y que, en ciertos momentos, la diplomacia soviética supo ser más flexible y atenta a las circunstancias internacionales.
Un embajador forzado
Durante el periodo de entreguerras, la realidad era distinta. En esos años sobresalieron varias personalidades que permitieron a la URSS defender sus intereses pese al entorno hostil. Entre ellas estuvo Iván Mayski, embajador soviético en Gran Bretaña.
Curiosamente, no disfrutaba de su profesión; tenía ambiciones literarias y científicas. El destino lo llevó a la diplomacia gracias a contactos hechos durante su exilio. Hijo de un médico judío polaco y de una maestra de pueblo, creció en un hogar abierto al mundo, donde el conocimiento y la diligencia eran valores esenciales.
Gromyko, "Señor No", no representa la totalidad de la diplomacia soviética.
Durante sus estudios, Mayski se vinculó a los mencheviques. Acusado de agitación revolucionaria, tuvo que emigrar, primero a Suiza y luego a Baviera, donde completó su formación. Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial se trasladó a Londres, donde conoció a Georgy Chicherin y Maxim Litvinov, futuros jefes de la diplomacia soviética.
Chicherin provenía de una familia aristocrática y, gracias a su amistad con Litvinov, se convirtió en consejero en la embajada londinense. Tras un periodo forzado en Tokio, regresó a Londres en 1932 como embajador, desempeñando un papel sensacional.
Era extremadamente hábil para establecer contactos con prácticamente todas las corrientes políticas. Se movía con soltura entre la aristocracia británica, ganándose una posición influyente. Contaba con una amplia red de políticos y periodistas que decidían el destino de Europa. Su relación con la prensa resultó crucial para la construcción de la imagen de la URSS en el Reino Unido, convirtiéndose en una nominación acertada para el país.
Diarios arriesgados
La pasión de Mayski por el aprendizaje y su singular papel histórico le llevaron a crear un documento excepcional: sus diarios. Su singularidad se basa en dos aspectos principales. Primero, su excepcional percepción situacional y agudeza, que a veces mostraba una sobriedad o incluso brutalidad en los juicios, permitiéndole detectar fenómenos invisibles para otros.
Esta claridad de razonamiento producía análisis sorprendentes y conclusiones anticipadas, adelantándose a muchos políticos europeos de la época. En segundo lugar, Mayski era un oficial del régimen obsesionado con la detección de enemigos, lo que hacía peligroso registrar sus pensamientos, a veces poco políticamente correctos.
En el sistema soviético, permanecer en un puesto durante mucho tiempo era raro; la caída en desgracia de un protector podía desencadenar oleadas de arrestos. Un diario así podía condenar a su autor al exilio en Siberia o, peor aún, a la horca.
Aunque Mayski fue destituido de Londres, terminó en prisión y sus notas fueron incautadas por los servicios secretos. Por suerte, el material sobrevivió, aunque fue tachado de "burocráticamente burgués", una acusación grave en la época. Este material es único porque Mayski no dejó muchos seguidores en la URSS.
El texto se basa, entre otras fuentes, en el libro "Majskiego" editado por Gabriel Gorodetsky y publicado recientemente por Bellona.
Si bien los diarios occidentales suelen ofrecer una visión parcial, los de Mayski revelan una perspectiva que trasciende su propio punto de vista, aunque siempre subjetiva.
El libro presentado es una versión abreviada de los diarios completos, publicados por Yale University Press en tres volúmenes bajo el título "The Complete Maisky Diaries" (vol. I‑III, 2018). La historia de su descubrimiento es curiosa: el autor los halló por casualidad en los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso.
Durante años el investigador cruzó archivos, contactó a los herederos de Mayski y comparó las notas con fuentes de diversa procedencia, creando una obra que a veces arroja una luz totalmente nueva sobre los acontecimientos descritos, mostrando el trasfondo de decisiones que de otro modo quedarían incomprendidas.
El autor también se mostró crítico con algunas decisiones políticas, incluso de su propio gobierno. Mayski señaló, por ejemplo, la equivocada política de concesiones a Hitler. Podemos observar su empeño por una política de seguridad colectiva, intentando forjar un acuerdo entre Gran Bretaña, Francia y la URSS antes del estallido de la guerra, propuesta que el Kremlin desestimó en favor de la negociación con Hitler, culminando en el pacto Ribbentrop‑Molotov.
Un nuevo estilo político
Mayski introdujo un estilo novedoso de ejercer la política diplomática. Según Gorodetsky, fue el primer embajador que buscó moldear la opinión pública del país anfitrión y la manipuló a través de la prensa.
Mayski, un gran creador de relaciones públicas en una época en que el concepto apenas existía, encontró sin dificultad un lenguaje común con grupos de oposición, diputados, editores, sindicatos, escritores, artistas e intelectuales.
El embajador también recurrió a medidas poco convencionales. Envió anualmente caviar y vodka ruso al propietario del Daily Express, Lord Beaverbrook, a cambio de comentarios favorables en la prensa. Creía firmemente que el embajador no debía limitarse a reuniones oficiales; gracias a su talento personal y amplio conocimiento, creó una imagen de la URSS que, aunque distaba de la realidad, servía a sus objetivos. Cuando era necesario, filtraba información de forma estratégica.
"Que sea soviético, mientras exista Polonia"
Los lectores polacos encontrarán de especial interés los pasajes relativos a Polonia en los diarios. Aparecen con frecuencia, desde las conversaciones británico‑soviéticas sobre una alianza previa a la guerra y la promesa de "presionar a Polonia", hasta críticas mordaces a la política polaca.
Mayski citó, por ejemplo, a Lloyd George: "Polonia, un país con una economía débil, desgarrado por conflictos internos, sin fuerza aérea ni ejército bien equipado". Conocía bien la política británica; sabía que Chamberlain creía que los alemanes no se atreverían a atacar Polonia tras las garantías británicas, aunque también anticipaba la inacción después del 17 de septiembre de 1939.
"Espero una nota de protesta, un discurso airado del primer ministro en el Parlamento y una campaña de prensa, pero nada más... Esa noche, el gobierno británico emitió una declaración impotente, ni siquiera una protesta".
Los diarios revelan el trasfondo de la política inglesa hacia Polonia: "El gobierno británico no contempla la reconstrucción de Polonia dentro de sus fronteras anteriores; solo busca una Polonia etnográfica, garantizada por las grandes potencias, incluida la URSS". En opinión de Mayski, el gobierno polaco en Londres intentó no complicar las relaciones con la URSS, mientras en la sombra se discutía que, si Alemania ocupaba Polonia, el país moriría y sobreviviría bajo dominio soviético. "Que sea soviético, mientras exista Polonia".
Los polacos "pueden ir al infierno"
Algunas revelaciones sorprenden al lector polaco, como la opinión del embajador sueco en Gran Bretaña, quien creía que lo mejor sería que la URSS bordeara Alemania sin estados intermedios. También resulta impactante la postura de Sikorski, justo antes del pacto Sikorski‑Mayski, que afirmaba que Polonia ya no podía maniobrar y debía aliarse con Rusia contra Alemania, y los intentos de Zaleski por recuperar propiedades perdidas en territorios ocupados por la URSS, incluidos en un protocolo secreto.
La evaluación de Mayski sobre la nación polaca era muy crítica: "Es difícil no sentir que los polacos son incapaces de existir de forma permanente como un Estado totalmente independiente y soberano. El destino de Polonia en el periodo de entreguerras y el comportamiento de Sikorski y compañía en los últimos veinte meses son una clara ilustración de ello".
Esta visión no sorprende a un representante de una superpotencia hostil a la República de Polonia. En una conversación con Eden, Mayski volvió a subrayar su opinión sobre los polacos, añadiendo que la sabiduría de los estadistas consiste en fijar metas políticas acordes con los recursos disponibles, algo que, según él, los polacos nunca hicieron, persiguiendo siempre lo inalcanzable. Eden apoyó la idea citando a Bismarck: "La política es el arte de lo posible".
Los diarios también muestran que Zaleski, aunque no reclamaba territorios ocupados por la URSS, exigía "¡esos incorrigibles caballeros polacos!" por razones estratégicas relacionadas con Prusia Oriental, la expulsión de alemanes y la colonización polaca.
Los diarios son una obra singular que muestra cómo un hombre de extraordinaria inteligencia y talento puede pasar por alto errores o incluso crímenes de la política de su propio país, comprometiéndose con su conciencia. Confirman la antigua verdad expresada por Otto von Bismarck: un político es, en general, un hombre honesto que viaja al extranjero para mentir en interés de su nación. En ese sentido, Mayski fue un auténtico campeón.
Fuente
El texto se elaboró, entre otras fuentes, a partir del libro "Majskiego" editado por Gabriel Gorodetsky y recientemente publicado por Bellona.