historia historica

Viendo la guerra a ciegas

El 28 de junio de 1914 se cumplió el centenario del asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del Imperio Austrohúngaro. Su muerte encendió la mecha de un polvorín europeo y, en poco más de un mes, estalló una guerra mundial devastadora. ¿Cómo pudo suceder? Esta es la segunda parte de una diptych que explora los orígenes de la Primera Guerra Mundial.

Tras el asesinato, la mayor parte de la élite administrativa de Austria‑Hungría estaba ansiosa por ir a la guerra para demostrar a Serbia —el pequeño vecino sospechado de participar en el atentado— que el imperio no sería menospreciado. Una respuesta meramente diplomática habría minado aún más la credibilidad del imperio; una represalia militar, aunque limitada, era inevitable. Sin embargo, si el conflicto se transformaría en una guerra europea dependía, entre otras cosas, de la reacción alemana. ¿Recibiría apoyo Berlín?

El emperador alemán se encontraba a punto de participar en una regata en Kiel cuando recibió la noticia del asesinato. Regresó de inmediato a Berlín “para mantener la paz en Europa”. Rusia acusó al instante a Austria de inventar una culpa contra Serbia para justificar una invasión. Gran Bretaña y Francia no comprendieron al principio la magnitud del suceso, aunque el embajador ruso había advertido previamente a su homólogo británico en Viena que un conflicto serbio obligaría a Rusia a entrar en la guerra: “Una guerra contra Serbia significaría una guerra europea”.

Cheque en blanco

La guerra ya se acercaba. Incluso antes de que el enviado austriaco llegara a Berlín el 5 de julio, el kaiser Guillermo II había mostrado su disposición a respaldar la petición austriaca. Al día siguiente, el canciller Bethmann‑Hollweg declaró que Alemania respaldaría a su aliado austríaco sea cual sea la acción que éste tomara. Este “cheque en blanco” se convirtió más tarde en la principal causa para culpar a Alemania del conflicto. Sin el apoyo alemán, la guerra probablemente nunca habría estallado.

Berlín calculó que Rusia no arriesgaría una guerra europea respondiendo militarmente, pues aún no estaba preparada para enfrentarse a la poderosa Alemania. Por otro lado, la alta dirección militar alemana consideraba que la guerra era inevitable a largo plazo y, por tanto, prefería que ocurriera antes que después de que las reformas de los ejércitos francés y ruso estuvieran completas. Como señala el historiador australiano Christopher Clark en su libro Sleepwalkers, Alemania no deseaba un conflicto mayor, aunque sí estaba preparada para asumir el riesgo.

El emperador, sin embargo, urgió a Viena a actuar rápidamente “mientras la memoria del asesinato estaba fresca”. Con la garantía alemana en mano, el enviado austríaco volvió a Viena. Los austríacos comenzaron a preparar su guerra en completo secreto. El presidente francés, Raymond Poincaré, realizó una visita oficial al zar ruso Nicolás II, y las amenazas de guerra aumentaron la probabilidad de una intervención franco‑rusa. Sin embargo, los planes se filtraron, lo que permitió a ambos líderes debatir la situación mientras Poincaré estuvo en San Petersburgo del 20 al 23 de julio.

Efecto disuasorio

El ambiente bélico favorecía al presidente francés. Ambos jefes de Estado se aseguraron mutuamente de que se apoyarían militarmente en caso de guerra contra Austria‑Hungría y Alemania. Juntos podrían obligar a Alemania a luchar en dos frentes, un escenario temido por los dirigentes alemanes. La valoración de Poincaré sobre el poder del ejército ruso era optimista, en parte porque la alta comandancia rusa ocultaba su verdadera debilidad a la diplomacia. Con la incorporación de la Gran Bretaña, los aliados estaban seguros de una victoria rápida y de una revancha francesa por la derrota de 1870.

Todos los países europeos, salvo Gran Bretaña, estaban al menos dispuestos a correr el riesgo de la guerra y confiaban ciegamente en el efecto disuasorio de sus alianzas. Con el “cheque en blanco” alemán, Austria‑Hungría estaba decidida a eliminar a Serbia militarmente; Rusia seguramente respondería, y una Francia preparada estaba lista para apoyar a su aliado.

Una respuesta rusa muy limitada a Austria‑Hungría podría haber evitado la escalada. De hecho, Rusia anunció el 26 de julio una “movilización parcial” dirigida únicamente contra Austria‑Hungría, sin involucrar a Alemania. Además, San Petersburgo volvió a instar a los serbios a actuar con prudencia.

No obstante, la diplomacia de 1914 estaba dominada por bloques de poder y alianzas; una movilización contra un solo país no encajaba bien en la lógica de la época. En el vasto Imperio ruso, las tropas también se estaban desplazando. Alemania y Austria no distinguían entre una movilización parcial y una “movilización general”. Tras la movilización rusa, Serbia dejó de someterse a las demandas austríacas y, el 28 de julio, Austria‑Hungría declaró la guerra a Serbia.

Demasiado orgullosos

Al día siguiente, Rusia decidió movilizarse totalmente. En respuesta, Alemania también movilizó sus fuerzas y declaró la guerra a Rusia y a Francia. ¿Podía haberse evitado? A principios del siglo XX, una alianza estrecha entre Gran Bretaña y Alemania parecía posible, sobre todo por los conflictos coloniales británicos con Rusia en Asia. Frente a una posible alianza anglo‑alemana, Rusia había evitado la movilización, pero el orgullo de ambas superpotencias les impidió aceptar los términos del otro.

Quizá una Alemania militarmente dominante habría ganado rápidamente si Gran Bretaña se hubiera mantenido neutral. Por otro lado, una mediación británica oportuna podría haber calmado la crisis. Si Gran Bretaña hubiese apoyado a Francia y Rusia, tal vez Alemania y Austria‑Hungría no habrían osado iniciar la guerra. Sin embargo, la opinión pública británica en 1914 era fuertemente antibelicista. El ministro de Asuntos Exteriores, Edward Grey, mantuvo una postura indecisa hasta el 30 de julio, cuando su propuesta de apoyar a los aliados franceses fue rechazada en el Consejo de Ministros. Sólo cuando Grey amenazó con renunciar la posición británica cambió, y Londres se sumó al conflicto.