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Las revistas femeninas “rezagadas” no influyeron en la vida matrimonial católica

En la década de 1950 y 1960, tres cuartas partes de la población holandesa leían alguna revista femenina como Libelle o Marguerite. Con esa difusión, los títulos podrían haber influido, por ejemplo, en la visión católica sobre el control natal. Sin embargo, la historiadora Marloes Hülsken concluye en su tesis doctoral que las revistas estaban muy rezagadas respecto a la percepción de algunas lectoras. No ofrecían información ni educación durante mucho tiempo, aunque sí generaron un efecto liberador e emancipatario indirecto. Hülsken recibirá su doctorado en la Universidad Radboud de Nimega el 2 de septiembre.

Dragonfly tuvo la primicia: en 1968 fue la primera revista importante en publicar un artículo sobre la píldora, que ya llevaba seis años en el mercado y había sido usada por 300 000 mujeres en 1966. En otras palabras, una noticia ya conocida cuya influencia directa fue limitada.

Hülsken investigó si las revistas femeninas entre 1950 y 1975 influyeron en las ideas de las mujeres católicas sobre la maternidad, el control de la natalidad y la moral sexual. No lo hicieron, al menos no de forma inmediata. «A partir de finales de los años 60, las revistas empezaron a ser útiles, por ejemplo, al debatir los pros y los contras de distintos métodos anticonceptivos. Antes de eso, a veces se abordaba la educación sexual infantil, pero nunca el sexo o el control natal. Esa información llegaba por otros canales: el médico de cabecera, charlas informativas, radio y televisión».

Publicidad y conservadurismo

Las revistas de gran tirada mantuvieron un tono conservador durante mucho tiempo, según Hülsken. Eso se explica por su enorme alcance: en 1955‑1956, el 73 % de la población (hombres y mujeres) leía alguna publicación como Beatrijs, Dragonfly o Marguerite. Si nos centramos solo en mujeres, la cifra sube al 85 % a principios de los años 60.

«El alcance era amplio y el precio bajo, gracias a la publicidad. Para atraer anunciantes, los editores evitaban temas controvertidos que pudieran ofender a los lectores y reducir la circulación», explica la investigadora.

Desde 1965, Margriet y Dragonfly realizaron amplias encuestas entre sus suscriptoras. Los resultados mostraron que los editores estaban muy atrasados respecto al «zeitgeist», pero eso cambió rápidamente. «Aparecieron debates sobre emancipación, distintas visiones del sexo, el movimiento Dolle Mina, etc. De ese modo, las revistas contribuyeron a la difusión de nuevos comportamientos entre una gran audiencia».

Voces católicas modernas

En otros ámbitos, los ecos de la modernidad se escuchaban antes. Incluso la Iglesia: el obispo Bekkers, en marzo de 1963, describió el control natal en televisión como «una cuestión de conciencia personal». En la revista Doorkijk, órgano de la Asociación de Mujeres Católicas, ya se abordaba de forma progresista el tema a principios de los años 60.

No obstante, la influencia de esa publicación era limitada: en su mayor momento contó con no más de 30 000 suscriptoras. «Las entrevistas para mi investigación revelaron que no todas la leían con el mismo interés. La revista resultaba aburrida y su lectura se sentía como una tarea», comenta Hülsken.

Libertad: gastar dinero y tiempo en uno mismo

Para las lectoras entrevistadas, leer revistas como Beatrijs, Dragonfly o Marguerite no era una obligación, sino una experiencia liberadora. «Cuando llegaba la revista, la leía toda la familia, pero era la madre quien se sentaba a disfrutarla. Las mujeres describían esa práctica como algo nuevo y emancipador: gastar dinero en sí mismas, dedicarse tiempo propio», relata la investigadora.

Las feministas que critican a estas revistas por su contenido conservador han pasado por alto este aspecto, según Hülsken. «Las revistas tuvieron un papel modernizador y emancipador, aunque de forma distinta a la que se suele imaginar. Una mujer recordó cómo un anuncio de crema facial le impactó: el mensaje sugería que podía verse mejor para su marido, pero lo revolucionario para ella fue la idea de invertir en su propio cuidado en lugar de en la familia».

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