Introducción
Un manuscrito manuscrito en bajo alemán‑ruso del siglo XVII fue el objeto de estudio del doctorando Pepijn Hendriks. En la tesis que defenderá el 7 de septiembre, cuestiona la autenticidad del documento: ¿es un libro original o una copia, como era habitual en la época? ¿Acaso el llamado "libro de conversación" de Tönnies Fonne lleva realmente su nombre?
El libro de conversación de Tönnies Fonne se conserva en la Biblioteca Real de Copenhague desde 1785. Se trata de un manual de frases del siglo XVII destinado a los comerciantes hanseáticos del norte de Alemania, que comerciaban con ciudades del noroeste de Rusia a través del mar Báltico.
El propósito del libro era ayudar a los mercaderes a dominar el idioma y las costumbres rusas. Consiste en extensas listas de vocabulario y multitud de oraciones, una suerte de "Qué y cómo" del ruso, según explica el investigador Pepijn Hendriks.
Ruso de la calle
Este libro no es único dentro de su género; forma parte de una larga tradición europea de manuales de frases. Lo que lo hace especial es que constituye una de las pocas fuentes del ruso hablado. Fue pensado para que los comerciantes alemanes mantuvieran conversaciones sencillas en ruso, y por ello recoge el ruso de la calle, es decir, el que se hablaba en las ciudades comerciales de Novgorod y Pskov. La mayoría de los textos rusos que han sobrevivido pertenecen a una variante general, sin matices regionales.
Como referencia comparativa existen los textos de corteza de abedul de Novgorod, escritos de forma informal y también estudiados en la Universidad de Leiden. Sin embargo, estos documentos desaparecen después de 1450, de modo que el libro de conversación de Tönnies Fonne se vuelve una fuente valiosa para conocer el idioma de Pskov a principios del siglo XVII.
Tradición de copiado
Desde hace tiempo se sabe que los libros de conversación se copiaban entre sí. En la década de 1990 se descubrió otro manual, el de Thomas Schroue, que comparte una gran cantidad de material con el de Fonne. Hendriks compara ambos en detalle y demuestra que el 55 % de las frases del libro de Fonne coinciden con las de Schroue, lo que indica un origen común.
El análisis muestra la importancia de comprender el proceso de copia: nos permite inferir el nivel de rigurosidad del copista. Por ejemplo, la caligrafía de Fonne es más depurada que la de Schroue; divide oraciones largas en dos y corrige casos gramaticales incorrectos.
Según Hendriks, esto sugiere que Fonne no copió ciegamente el texto original, a diferencia de Schroue, quien parece tener escasa competencia en ruso. Fonne, aunque no nativo, domina mejor el idioma y elimina rasgos dialectales demasiado locales, aunque también comete errores.
El copista
Hendriks propone una conclusión sorprendente: es “muy improbable” que Tönnies Fonne sea el autor del libro. La imagen tradicional describe a Fonne como un joven de 19 años que llegó a Pskov, aprendió ruso y redactó el manual. Además, se le presenta como un “tomboy” que frecuentaba peleas y enfrentaba juicios por su conducta.
Esta descripción no encaja con el perfil del copista. Las correcciones evidencian un buen dominio del ruso y la escritura está adornada con dibujos, rimas e instrucciones para el lector. Hendriks argumenta que quien escribe un libro para sí mismo no necesita esas guías; por tanto, el manuscrito fue producido por un alemán residente en Pskov, profesional de la escritura, que lo elaboró «en nombre de» Tönnies Fonne.
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