Una columna invitada aparece en Kennislink cada dos semanas. Cada número cuenta con un investigador diferente, que escribe desde su campo sobre la ciencia que hay detrás de un fenómeno social o de nuestra vida cotidiana. Esta semana escribe Aukje Lettinga, del International Institute of Social History, sobre el agua radiactiva y el crecimiento de los movimientos ecologistas.
«Me encontré esa agua en el Rin. También parece muy picante». Esa frase, tomada de la canción infantil "In de soup" (1987), evoca los años setenta y ochenta, cuando la preocupación por el medio ambiente empezó a cobrar fuerza.
Las inquietudes medioambientales no son nuevas; ya a principios del siglo XX existían organizaciones dedicadas a combatir la contaminación del agua y del suelo. Sin embargo, fue tras la publicación del informe del Club de Roma en 1972 que la opinión pública se despertó en masa, al advertir que el crecimiento económico tendría consecuencias desastrosas para el planeta.
La lluvia ácida, el agua contaminada y la radiación fueron algunos de los problemas que despertaron la acción ciudadana: gente que bajó la calefacción un grado, volvió a usar la bicicleta o se convirtió en donante de organizaciones ecologistas. La creciente conciencia ambiental de las últimas décadas del siglo XX se refleja incluso en los niños, que empezaron a preocuparse por la contaminación de los ríos.
Algunos fueron más allá de esas medidas domésticas. Participaron en manifestaciones o se unieron a grupos de acción. Un ejemplo es la botella de "Agua radiactiva del Maas" que aparece a continuación, creada por el pequeño colectivo autodenominado "Circus de la Resistencia". Vendían esas botellas en ferias de Limburgo para denunciar la alta concentración de tritio (una sustancia radiactiva) en el agua del río Mosa.
Esa botella, junto a numerosos documentos de grupos activistas y organizaciones medioambientales, forma parte del archivo del International Institute of Social History (IISH) en Ámsterdam. El IISH conserva, entre otros, los papeles de Greenpeace, Milieudefensie y de entidades menos conocidas o desaparecidas, como la Netherlands Poison Free Foundation y el Landelijk Energie Komitee.
El objetivo del IISH es preservar estos archivos para la investigación histórica. Pero, ¿por qué se guarda una botella tan aparentemente trivial?
Aunque un objeto no parezca tan informativo como una colección de cartas o periódicos, puede revelar mucho: el diseño del material de campaña, las estrategias de movilización y, sobre todo, la combinación de mensajes serios con recursos lúdicos. Estos objetos permiten, en el futuro, reconstruir la narrativa histórica del movimiento ecologista.
Y… para los lectores más atentos: la palabra "radioactief" (radiactivo) en la botella está escrita con una "k", una ortografía que refleja la estrecha relación entre la forma de escribir y la acción en los años setenta y ochenta.
Ver más
- International Institute of Social History
- Exposición "World Improvers! 75 años de IISH"
- Tendencias medioambientales y medidas de política
- Millones en subvenciones para archivos digitales