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El poder del emoji: cómo el silencio habla en la era digital

Los emojis se han convertido en el lenguaje no verbal de la era digital. El 92 % de los usuarios de internet los emplea en sus mensajes y un tercio lo hace a diario. En 2020, la mitad de las publicaciones de Instagram los incluía; en Facebook se utilizan 5 000 000 000 al día y el 20 % de los tuits los contienen. Los estudios demuestran que son la forma más eficaz de captar la atención en acciones promocionales.

Del emoticono al emoji

Cuando el contacto interpersonal se volvió escaso, los emojis surgieron como "un nuevo tipo de lenguaje", según The Wire. Su sencillez permite expresar emociones y deseos de forma inmediata.

Según la Britannica, un emoticono es un símbolo usado en comunicaciones digitales para transmitir una expresión facial y el estado emocional del autor. Los primeros aparecieron cuando Internet era solo texto (finales de los años 60 y principios de los 90) y se codificaron en ASCII. El primer uso documentado se atribuye al programador estadounidense Scott E. Fahlman, quien el 19 de septiembre de 1982 publicó el clásico ":-)" y " :-(" en el tablero de mensajes de la Universidad Carnegie Mellon para distinguir bromas de mensajes serios.

Controversia inicial

Los críticos argumentaban que los emoticonos empobrecían la claridad y la creatividad del lenguaje escrito, mientras que sus defensores sostenían que facilitaban la comunicación no verbal y aclaraban el tono sin necesidad de largas explicaciones.

El origen del "smiley"

El término "emoticon" combina "emoción" e "icono". Los primeros símbolos se construían con combinaciones de puntuación, letras y números, y cada combinación podía tener varias interpretaciones.

En 1982, Scott Fahlman, profesor del Instituto de Tecnologías del Lenguaje de Carnegie Mellon, propuso usar ":-)" para bromas y ":-(" para mensajes serios, creando así el primer "smiley" reconocido universalmente.

Sin embargo, la idea de representar emociones con símbolos precede a Fahlman. En 1881 la revista satírica estadounidense Puck publicó versiones artesanales de emoticonos, y en 1967 el dibujante Raph Reppert incluyó una carita feliz en el Baltimore Sunday Sun.

El Smiley Company

En 1996 la familia Loufrani fundó la Smiley Company en Francia (actualmente con sede en Londres) y patentó los icónicos rostros amarillos. Hoy la empresa posee los derechos de los símbolos Smiley en más de 100 países (excepto EE. UU.) y genera unos 185 millones de euros al año, licenciando sus diseños a marcas como Levi’s, fabricantes de textiles, accesorios de coche y juguetes.

El nacimiento de los emojis

El término "emoji" proviene del japonés, contracción de e (imagen) + moji (carácter). En 1999, el diseñador Shigetaka Kurita, de la compañía NTT DoCoMo, creó el primer set de 176 emojis de 12 × 12 píxeles para el servicio de mensajería móvil i‑mode. El primer símbolo fue un corazón, pensado para suavizar mensajes negativos.

Kurita, sin conocimientos de programación y con formación en economía, agrupó los iconos en tres categorías según su utilidad para usuarios móviles. Su objetivo: sustituir palabras como "nublado" por una imagen clara y rápida.

Aunque el creador solo recibió su salario mensual, sus 176 diseños sentaron las bases de los 3 353 emojis disponibles hoy. Desde 2007 Apple y Google desarrollaron sus propias colecciones, y en 2015 el Unicode Consortium añadió variantes de tono de piel y parejas del mismo sexo.

Uso masivo y reconocimiento

Se estima que se envían 5 000 000 000 de emojis al día en Facebook y Messenger. En Instagram, el corazón es el emoji más usado, y en 2015 el Oxford Dictionaries lo proclamó "palabra del año".

¿Cuánto ganan los creadores?

Para que un nuevo emoji sea incluido, debe ser aprobado por el Unicode Consortium, que evalúa 13 criterios y requiere entre 50 y 150 horas de trabajo para presentar la propuesta. Algunos creadores independientes han llegado a recibir hasta 1 000 USD al mes por descargas de sus diseños.

En resumen, los emojis han pasado de simples combinaciones de caracteres a una industria global que facilita la expresión emocional en la comunicación digital.