historia historica

¡Las heces mataron a más personas que las guerras! ¿Cómo se las arreglaban los antiguos griegos y romanos sin papel higiénico?

La impureza puede ser un gran problema. Literalmente.

Aunque en la Antigüedad no se conocían los microbios nocivos, nuestros antepasados percibían que algo andaba mal. Por eso cuidaban la higiene tanto como les era posible, aunque algunas soluciones nos parezcan extremas hoy.

La pregunta de cómo se las ingeniaban en letrinas o baños antes de que el papel higiénico se popularizara parece trivial. Sin embargo, la “amenaza de las heces” era muy real y, además, sumamente vergonzosa. Los historiadores estiman que las infecciones derivadas de una mala sanidad y una higiene insuficiente causaban más muertes que las guerras continuas. El patólogo Philippe Charlier comenta:

El tratamiento del agua potable era un verdadero problema; desconocían los procesos de contaminación y la higiene básica. Resultaba más seguro beber vino y morir a los cuarenta por cirrosis que beber agua y fallecer de fiebre tifoidea antes de los veinte años.

¡Las heces mataron a más personas que las guerras! ¿Cómo se las arreglaban los antiguos griegos y romanos sin papel higiénico?

Letrinas públicas romanas

Se utilizaban algunos métodos para depurar el agua, como el vinagre (similar a cómo hoy en día lo usamos para lavar lechugas), pero a menudo resultaban insuficientes para evitar la absorción de microbios peligrosos.

Costumbres según la región

En cuanto al acceso a la novedad civilizadora que era el papel, los chinos estaban muy adelantados: ya en el siglo II d.C. comenzaron a usar papel para la higiene, aunque con anotaciones de los Clásicos o nombres de sabios que jamás imaginarían su uso como papel higiénico, según el funcionario Yan Zhitui, cuatro siglos después.

En Occidente, la revolución higiénica tardó varios siglos más. El primer papel higiénico “industrial” lo comercializó el empresario estadounidense Joseph Gayetty a mediados del siglo XIX. Mientras tanto, se empleaban materiales como nieve, pieles de animales, hierba, heno, musgo, agua e incluso arena y conchas, dependiendo de la disponibilidad local. Como último recurso, también se utilizaban las propias manos.

¡Las heces mataron a más personas que las guerras! ¿Cómo se las arreglaban los antiguos griegos y romanos sin papel higiénico?

¿Cómo se las arreglaban los romanos sin papel higiénico?

Ingenio romano y griego

Los antiguos griegos y romanos mostraron una gran creatividad. Además de usar trozos de toga o grandes hojas, desarrollaron instrumentos más higiénicos.

El más famoso es el tersorium, una esponja atada al extremo de un palo que se sumergía en agua corriente antes de usarla (las letrinas tenían canales de agua que fluían bajo el asiento). Curiosamente, este utensilio podía resultar peligroso, pero no de la forma que imaginas. Séneca, en sus Cartas morales a Lucilio, relata la historia de un gladiador germano que, cansado de luchar, se quitó la vida introduciéndose el tersorium por la garganta.

Materiales más duros (y arriesgados)

Frotarse con una esponja húmeda parece relativamente amable, pero el llamado pessoï puede provocar escalofríos. ¿Por qué? Se trataba de fragmentos de cerámica rugosa que, tras su uso, se tiraban a la letrina o se guardaban en recipientes especiales para ser limpiados y reutilizados.

Se usaron en todo el Mediterráneo bajo dominio romano. Tenían entre tres y seis centímetros de diámetro y poco más de un centímetro de grosor. Los bordes a menudo se alisaban para evitar daños en la piel (hemorroides, irritación de la mucosa), aunque la rugosidad del material provocaba lesiones.

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Letrinas públicas romanas

No hace falta una imaginación vívida para concebir las consecuencias. El poeta Horacio, en el siglo I a.C., describió de forma cruda el caso de una mujer que usó su pessoï con demasiada afición: “hasta el fondo de tus delgados glúteos, huele a catarro de vaca”.

El riesgo era considerable, pero los fragmentos de cerámica tenían otras ventajas: a veces llevaban grabados los nombres de enemigos o personajes ilustres. En Atenas y el Pireo, los arqueólogos hallaron ejemplos con nombres como Pericles, Temístocles o Sócrates. Las manchas de excremento en ellos dejan claro su propósito.

Bibliografía

  1. P. Charlier, What the Dead Teach Us. Pathologist on the trail of the mysteries of history, Esprit, 2015.
  2. Horacio, Epodos. Sátiras y cartas, Biblioteca Polaca de Clásicos, 1980.