El 12 de noviembre de 2023 falleció en la prisión de Frankland, Durham, Peter Sutcliffe, conocido como el "Yorkshire Ripper", a los 74 años a causa de complicaciones derivadas del Covid‑19.
Tras declararse culpable de 13 asesinatos y siete intentos en 1981, el asesino fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide y pasó tres décadas en el Hospital Broadmoor antes de ser trasladado a la cárcel de Durham en 2016, donde cumplía 20 condenas de cadena perpetua.
Esta semana se estrena en Netflix una serie documental que, además de narrar sus crímenes, expone el sexismo institucional que retrasó su captura.
Su macabro historial
Entre 1975 y 1980, Sutcliffe asesinó a 13 mujeres en West Yorkshire y en dos ocasiones en Manchester. Sus ataques se caracterizaban por la extrema violencia: utilizó un martillo y un cuchillo, y mutiló a sus víctimas, lo que le valió el apodo de "El Destripador".
El primer homicidio ocurrió en octubre de 1975, cuando mató a Wilma McCann, de 28 años y madre de cuatro hijos, golpeándola con un martillo y apuñalándola 15 veces. Su víctima más joven fue una niña de 14 años, a quien también golpeó en la cabeza con el martillo; la joven logró sobrevivir.
En enero de 1981, un error propio condujo a su arresto: conduciendo con matrículas falsas y una mujer como pasajera, fue detenido en un control policial aleatorio. Dos días después confesó los crímenes.
Los médicos que lo evaluaron confirmaron su esquizofrenia paranoide, aunque algunos sostuvieron que era una estrategia legal para atenuar la pena. La prensa británica criticó duramente a la policía por la tardanza en identificar al asesino, a pesar de que había sido interrogado en nueve ocasiones durante los años previos.
Los sobrevivientes
Las mujeres que escaparon del ataque sufrieron secuelas físicas y psicológicas severas: operaciones múltiples, pérdida de memoria, depresión, trastorno de estrés postraumático y la necesidad de ocultar sus cicatrices con nuevos peinados.
Marcella Claxton perdió al hijo que llevaba en su vientre y padeció intensas migrañas y vértigo. Theresa Sykes, de 16 años en el momento del ataque, vivió con el temor constante y llegó a dormir con un cuchillo bajo la almohada durante años.
Olive Smelt declaró que “no podía soportar a ningún hombre” y buscó empleo en entornos mayormente masculinos para enfrentar sus traumas. Anna Rogulskyj confesó temer salir de su casa, diciendo: “A veces desearía haber muerto en el ataque”.
Mo Lea, estudiante en 1980 y ahora artista, fue golpeada por Sutcliffe, aunque el incidente nunca se vinculó oficialmente al asesino. Hoy padece trastorno de estrés postraumático, pero afirma que nada podrá romperla nuevamente.
El sexismo que frenó la justicia
La policía de Yorkshire clasificó a las víctimas en dos grupos: "las prostitutas" y "las respetables", calificando a muchas de "mujeres de moral flexible". Esta visión misógina retrasó la investigación, permitiendo que el asesino siguiera matando a trabajadoras sexuales, niñas y jóvenes.
Aunque las supervivientes colaboraron con la investigación, sus testimonios fueron tachados de poco fiables y nunca se les restituyó la dignidad que merecían.
Documentales y series en producción
El documental de Netflix, dirigido por Jesse Vile y Ellena Wood (creadores de "Don’t F**k With Cats"), se compone de cuatro episodios que incluyen testimonios de familiares de las víctimas y repasan la investigación policial.
Paralelamente, ITV está produciendo una serie de seis episodios basada en el libro Wicked Beyond Belief: The Hunt for the Yorkshire Ripper, con el objetivo de centrar la narrativa en las mujeres que fueron silenciadas.

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