"La extinción de las especies es la norma. La supervivencia es la excepción." (Carl Sagan, astrónomo estadounidense, 1934‑1996)
El lunes 24 de enero de 2022 se cumplieron 50 años desde el 24 de enero de 1972. Esa tarde, dos pescadores en la ribera del río Talofofo, en la isla de Guam, encontraron a un hombre desorientado, probablemente japonés. En realidad se trataba del sargento del ejército japonés Soichi Yokoi, quien pasó los últimos 28 años de su vida escondido en la jungla de Guam sin saber que la Segunda Guerra Mundial había terminado.
Desde 1944, cuando los estadounidenses ocuparon la isla, Yokoi huyó a la selva, donde vivió casi 30 años. Al principio compartió refugio con dos compañeros soldados japoneses (que murieron en una inundación) y, durante los últimos ocho años, estuvo completamente solo. Su dieta se limitaba a nueces, mangos, papayas, caracoles, ratas y ranas. Hasta 1952 creyó que la guerra continuaba, por lo que permaneció oculto. Cuando finalmente se enteró del armisticio, temía salir porque, según sus propias palabras, “los soldados japoneses preferimos la muerte a la humillación de la captura”.

Aunque los años de aislamiento habían afectado su salud mental, los médicos que lo examinaron constató que estaba en buen estado físico. ¿Cómo lo logró? Gracias a un fuerte instinto de supervivencia y a una adaptación extrema al entorno, confirmando la frase de Sagan: los casos de supervivencia prolongada en la naturaleza son verdaderas excepciones.

Supervivencia en el mar

José Salvador Alvarenga, pescador salvadoreño, quedó a la deriva en noviembre de 2012 y sobrevivió 13 meses a bordo de una pequeña barcaza en medio del Pacífico. Tras una tormenta de cinco días, quedó sin motor, velas ni radio. Subsistió comiendo pescado crudo, tortugas, algas y, en momentos críticos, sangre de tortuga, y bebió agua de lluvia. Su compañero de viaje enfermó y murió; Alvarenga continuó solo durante otros nueve meses hasta llegar a un islote de las Islas Marshall tras 438 días y más de 9 500 nm recorridos.
Supervivencia literaria
Entre octubre de 1704 y febrero de 1709, el marinero escocés Alexander Selkirk quedó varado en una pequeña isla del archipiélago Juan Fernández, frente a la costa de Chile. Abandonado por su capitán, Selkirk sobrevivió construyendo chozas de paja, alimentándose de mariscos y, más tarde, de cabras salvajes que había encontrado. Su historia inspiró la novela “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe y, por extensión, “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift.

El récord de supervivencia
El neozelandés Tom Neill (1902‑1977) ostenta uno de los récords más impresionantes: tres periodos aislado en la isla Suwaroo, en el atolón de las Islas Cook, sumando un total de 16 años. La primera estancia (1952‑1954) la dedicó a domesticar pollos salvajes y cultivar alimentos; la segunda (1960‑1964) y la tercera (1967‑1977) fueron completamente solitarias. Cada vez que deseaba abandonar la isla, debía ser rescatado por alguna embarcación que pasara por allí. Murió ocho meses después de abandonar la isla, a causa de un cáncer de estómago.
Mujeres extraordinarias
En 1835, una mujer sin nombre quedó aislada en la isla San Nicolas, frente a la costa de California, después de que cazadores rusos exterminaran a la población indígena. Fue descubierta en 1853 por el cazador de focas George Nidever, quien la llevó a Santa Bárbara y la bautizó como Juana María. Vivió en una choza de huesos de ballena y se alimentaba principalmente de grasa de foca. Falleció siete semanas después de su rescate a causa de la disentería.

Ada Blackjack, una mujer inuit, sobrevivió dos años sola en la remota isla Wrangel, en el Ártico siberiano, después de que una expedición de cuatro personas se desmoronara en 1921. Con recursos escasos, aprendió a cazar zorros árticos, aves, focas e incluso osos polares. Tras la muerte de su único compañero, Lorne Knight, quedó sola durante cinco meses más hasta que un barco de rescate la encontró en agosto de 1923. Regresó a su comunidad, cuidó a su hijo enfermo y vivió hasta los 85 años.
¡La resistencia humana es asombrosa!