Contexto histórico y la vanguardia arquitectónica
A comienzos del siglo XX, especialmente entre 1914 y 1918, los movimientos de vanguardia europea – futurismo, cubismo, constructivismo, Bauhaus y otros – rechazaron el academicismo y la dependencia de la historia, considerándolos desconectados de la realidad contemporánea. El Movimiento Moderno, surgido justo antes de la Primera Guerra Mundial, se consolidó en los años 20 y 30 con una clara ruptura de la tradición y una apuesta por la metáfora y la funcionalidad, es decir, el funcionalismo.
Otro corriente influyente fue el minimalismo, una corriente radical y dinámica que, sin un manifiesto rígido, se centró en la austeridad formal y en la reducción de los componentes a lo estrictamente necesario. La simetría, la repetición y el juego de luces sobre materiales como el plexiglás, el hierro galvanizado y el hormigón armado caracterizaron esta etapa.

Los inicios de Oscar Niemeyer
Oscar Niemeyer nació en diciembre de 1907 en Río de Janeiro, en una familia acomodada. En 1928, a los 21 años, se casó con Anita Baldo, hija de inmigrantes italianos, y se matriculó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río, de donde se graduó en 1934 con el título de arquitecto. Paralelamente trabajó en la imprenta familiar y se formó como aprendiz no remunerado en la oficina de Lucio Costa y Gregory Varczavczyk, pioneros del Movimiento Moderno en Brasil.

En 1936 la oficina de Costa recibió el encargo del Ministerio de Educación y Salud de Río. Costa reunió a jóvenes arquitectos y convocó a Le Corbusier como asesor. La colaboración con el suizo marcó a Niemeyer, quien aportó perspectivas novedosas y, tras la partida de Le Corbusier, introdujo cambios decisivos que sorprendieron a Costa.

Primeras obras emblemáticas
Entre 1939 y 1943 Niemeyer lideró la construcción del primer rascacielos estatal basado en principios modernistas, usando materiales locales como los azulejos y combinando el acabado industrial con colores vivos que evocaban el paisaje brasileño. Incorporó el brise‑soleil de Le Corbusier, con persianas azules ajustables que regulaban la luz y la temperatura interior.

En 1940, a invitación del entonces alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, diseñó el complejo de Pampulha, que incluía casino, restaurante, club náutico, campo de golf y una iglesia alrededor de un lago artificial. El proyecto, concluido en 1943, lo catapultó a la fama internacional.

La iglesia de San Francisco de Asís
Considerada la obra maestra del complejo, la iglesia utilizó el hormón armado de forma revolucionaria, integrando paredes y techo en una sola pieza plástica. Sus formas curvas y la ausencia de ángulos rectos rompían la lógica tradicional, creando una armonía entre arquitectura, arte y entorno natural. A pesar de la fuerte oposición de sectores conservadores, la iglesia se salvó gracias a la intervención del Servicio Nacional de Patrimonio Artístico e Histórico de Brasil.

Brasilia: la ciudad utópica
En 1956, tras la finalización del complejo “Copan” en São Paulo, Niemeyer colaboró con Lucio Costa en la planificación de la nueva capital, Brasilia. En tan solo 41 meses se erigió una ciudad‑obra que la UNESCO declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1987, convirtiendo a Niemeyer en la primera persona viva en recibir tal reconocimiento.

Entre los edificios más destacados se encuentran el Palacio da Alvorada, el Congreso Nacional, los ministerios, el Museo Nacional, la Biblioteca Nacional, el Supremo Tribunal Federal y la emblemática Catedral de Nuestra Señora Aparecida. La catedral, concluida en 1970, está formada por 16 columnas de hormigón que se curvan hacia el interior formando una estructura hiperbólica, con vitrales que inundan el espacio de luz.

Reconocimientos y exilio
En 1947, junto a Le Corbusier, diseñó la sede de la ONU en Nueva York; su propuesta “32” fue aprobada, aunque luego se combinó con la de Le Corbusier. Su afiliación al Partido Comunista Brasileño le valió varios rechazos de visa en EE. UU., impidiéndole ejercer cargos académicos en Yale y Harvard.

Tras el golpe militar de 1964, sus actividades fueron perseguidas: su oficina fue allanada, su revista “Nosso Caminho” fue destruida y, en 1965, renunció a su cátedra en la Universidad de Brasilia en protesta. Ese mismo año se exilió en París, donde continuó diseñando edificios, muebles y el icónico “Río Sea‑Long”.

Últimos años y legado
Con la vuelta de la democracia en los años 80, Niemeyer regresó a Brasil y, aun con más de 80 años, siguió creando obras como el Sambódromo de Río y, en 1988, recibió el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura. En 1996, a los 89 años, diseñó el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói, cuya cubierta en forma de “flor” se eleva sobre una colina ofreciendo vistas panorámicas del puerto.

Hasta sus últimos años, mantuvo una agenda internacional: centros culturales, proyectos en África y Europa, y la creación de muebles con sus característicos contornos curvilíneos. En 2007 cumplió 100 años; a pesar de problemas de salud, siguió trabajando hasta su fallecimiento el 5 de diciembre de 2012, a los 105 años, dejando alrededor de 800 obras que siguen inspirando a arquitectos y amantes del arte.

Palabras del propio Niemeyer
“La arquitectura no es un negocio; no es sólo técnica para levantar edificios de cien metros. La arquitectura es crear ambientes bellos, es inventar. En mi caso, el reto es siempre crear algo diferente”.