Durante décadas la palabra plaga ha evocado una visión medieval de la muerte, pero esa asociación no siempre existió. Pinturas, relatos, poemas y leyendas han intentado representar un mal que, a menudo, se consideraba divino e incomprensible, y que ha sido objeto de reflexión para médicos, autores, maestros y filósofos de cada época.
A lo largo de la historia, graves epidemias azotaron al viejo continente en momentos y lugares muy diferentes. Una de las más devastadoras se produjo en la Atenas clásica, alrededor del siglo V a.C., en plena Guerra del Peloponeso (431‑404 a.C.), un periodo crítico para la historia de Grecia.
La obra de Tucídides y el conflicto entre Atenas y Esparta
El relato de estos hechos lo ofrece uno de los mayores historiadores de la época: Tucídides, activo entre los siglos V y IV a.C. Su obra cumbre, Historia de la Guerra del Peloponeso, se divide en ocho libros y constituye una referencia fundamental para el método histórico científico, basado en fuentes fiables. Tucídides, testigo ocular, participó como estratega y, tras una grave derrota, fue exiliado.
El conflicto, que se extendió de 431 a 404 a.C., surgió por la hegemonía ateniense y la presión de los tributos que agotaban a las polis griegas. Aunque Atenas dominaba el mar con una flota poderosa, Esparta logró invadir Ática, obligando a gran parte de la población a refugiarse dentro de los muros del puerto de Pireo.
En esa situación de hacinamiento, clima caluroso y condiciones higiénicas precarias, estalló la epidemia que devastó la ciudad.
Tucídides dedica, en el segundo libro, un amplio excursus a la plaga que asoló Atenas entre 430 y 427 a.C., describiendo tanto el desarrollo de la guerra como el impacto de la enfermedad.
Lo que distingue a Tucídides como pionero del método histórico no es solo su rigor en los hechos bélicos, sino también su capacidad para narrar eventos ajenos al conflicto, como la propia peste.
La plaga desde el punto de vista médico, científico y humano
Tucídides dedica un extenso párrafo a la epidemia, enfocándose no solo en el hecho histórico, sino también en su dimensión científica y humanitaria.
Su objetivo es documentar y advertir: la plaga no es una lección moral, sino una realidad que la humanidad debe comprender para evitar repetir los mismos errores, aunque la historia tiende a ser cíclica.
Para él, la plaga es una oportunidad de aplicar su "método histórico". La describe con precisión científica, abordando causas, síntomas, mortalidad y la reacción de los médicos, quienes fueron los primeros en morir por la proximidad a los enfermos.
Su relato adquiere un tono profundamente humanitario y conmovedor, resaltando el miedo, la consternación, la soledad y la desmoralización de los atenienses.
Entre los efectos cotidianos que menciona están los robos en casas vacías, la sustitución de funerales solemnes por hogueras para quemar cuerpos, la congregación masiva en templos para suplicar a los dioses y las acusaciones de que los peloponesios habían envenenado los pozos.
Los estudios modernos consideran que la enfermedad descrita pudo haber sido viruela o fiebre tifoidea, más que una peste en el sentido estricto, basándose en los síntomas y la rápida progresión que Tucídides relata.
Sea cual sea la enfermedad, sus características epidémicas fueron devastadoras: quebró el ánimo colectivo, alteró la vida diaria y causó miles de muertes, probablemente reduciendo la población ateniense a la mitad, según la propia estimación de Tucídides.
La importancia de los comportamientos humanos en la historia
Con esta conmovedora digresión, Tucídides muestra que la historia no se reduce a una sucesión de eventos, sino que debe estudiarse también a través de las reacciones humanas. La psicología, los comportamientos y las acciones cotidianas adquieren una relevancia absoluta para comprender los fenómenos históricos.
El autor expone la plaga en detalle porque su impacto en el ánimo de los hombres supera, en su visión, cualquier consecuencia política. En medio de la guerra, la epidemia llevó a los atenienses al límite de la resistencia, provocando actos ignóbeis y deshumanizados.
Se instauró una "anomia", ausencia total de normas, que derivó en un estado de desorden y anarquía donde cada individuo luchaba por sobrevivir siguiendo sus instintos más primitivos.
Fiel a su rol de historiador, Tucídides se presenta como testigo directo, informando sin juicios morales, con el único fin de documentar para la posteridad. Como él mismo escribe:
"Atenas fue destruida por el miedo a la plaga, no por la plaga" (Tucídides).
Este crudo panorama sigue siendo impactante y relevante para los lectores contemporáneos.
La plaga de ayer y la plaga de hoy
Durante siglos, la temática de la plaga ha sido una oportunidad para combinar historia, ciencia y medicina. Escritores, poetas, pintores y escultores han abordado este tema para mostrar sus efectos en la psicología humana y su gestión a lo largo de diferentes épocas.
El repentino brote de una enfermedad, que genera pánico y la búsqueda de curas imposibles, sigue siendo una fuente trágica para narrativas históricas y ficticias.
Más allá del impacto físico, la plaga incita reflexiones de índole religiosa o divina, pues el ser humano siempre ha buscado un elemento superior ante el pesimismo extremo.
En la actualidad, el tema continúa generando debate y fascinación en la literatura y la historiografía.