Primeros años y ascenso al poder
Gayo Julio César fue una figura central de la historia romana. Como militar, dirigió a sus legiones en campañas que conquistaron la Galia, Britania, partes de Germania, Grecia, Egipto y Ponto. Su carisma y capacidad estratégica lo convirtieron en un líder sin precedentes.
El primer triunvirato
En el 60 a.C. formó el primer triunvirato junto a Gneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso. Esta alianza política le permitió consolidar su influencia en la República.
Ruptura y guerra civil
Tras la muerte de Craso, César inició su ascenso definitivo en 49 a.C. Cruzó el Río Rubicón con sus legiones y, pronunciando la famosa frase "alea iacta est", desencadenó una guerra civil que culminó con su victoria en la batalla de Farsalia (48 a.C.) y su nombramiento como dictador vitalicio.
Gestos simbólicos de su dictadura
Dos episodios destacan por su carga simbólica:
- Un día, alguien colocó una diadema al pie de la estatua de César. Dos tribunos lo acusaron de querer proclamarse rey. César convocó al Senado, acusó a los tribunos de manipular la escena y, como castigo, les retiró el cargo.
- Durante las Lupercales, el sacerdote Licinio colocó una diadema de oro en los pies de César. La multitud pidió que Lepido lo coronara, pero él vaciló. Entonces Casio puso la diadema sobre sus rodillas sin su consentimiento y, finalmente, Marco Antonio la colocó en su cabeza, proclamándolo rey. César rechazó la diadema, declaró que su nombre era César, no rey, y ordenó que se colocara sobre la estatua de Júpiter.
Asesinato y presagios
En el 44 a.C., César nombró a Marco Antonio cónsul, gesto que enfureció a Casio. Este, junto a otros conspiradores, planeó el asesinato que se consumó el 15 de marzo, los Idus de marzo.
Según la tradición, varios presagios anunciaron su muerte: ruidos extraños en la noche, la imposibilidad de encontrar el corazón del animal durante un sacrificio, sueños perturbadores de su esposa y del propio César, y una inscripción en la tumba del fundador de Capua que anunciaba la muerte de un descendiente de Iulo a manos de sus parientes.
Estos augurios reforzaron la creencia de que el asesinato de César estaba escrito en el destino de Roma.