Introducción
Las ciencias históricas, al igual que cualquier disciplina científica, se fundamentan en el método científico. Sin embargo, a diferencia de otras ciencias, el historiador no puede realizar experimentos de laboratorio; sólo puede observar los fenómenos del pasado.
¿Cómo verifica el historiador sus teorías?
El historiador adapta el método científico enfocándose en la investigación, el análisis y la verificación de fuentes. Estas fuentes son los bloques esenciales que le permiten viajar en el tiempo y reconstruir hechos y dinámicas del pasado.
Tipos de fuentes
Las fuentes se dividen en dos macro‑categorías:
- Fuentes primarias: documentos, contratos, monedas, escrituras públicas y privadas, registros comerciales, facturas, monumentos, obras de arte, etc., producidos en el periodo que se estudia y que no necesariamente tienen una finalidad historiográfica.
- Fuentes secundarias: crónicas, reconstrucciones y relatos históricos elaborados posteriormente, basados en evidencia directa o indirecta y en fuentes primarias.
El trabajo del historiador
Al comparar y analizar fuentes primarias y secundarias, el historiador genera nuevo material documental que enriquece el acervo disponible sobre un periodo o evento concreto. Cuanto mayor sea la distancia temporal entre el historiador y el hecho, mayor será el número de fuentes, lo que tiene dos efectos:
- Facilita la localización de documentos, al haber más opciones.
- Complica la fase de verificación, pues el historiador debe seleccionar cuidadosamente fuentes fiables y evitar teorías refutadas o historiadores falsos.
El problema de los “historiadores falsos”
En los últimos dos siglos ha proliferado la figura del historiador falso, consecuencia de la abundancia de documentos y del interés económico o político por crear narrativas engañosas. En el siglo XIX, la burguesía europea buscaba artefactos antiguos para legitimar su prestigio, lo que alimentó un mercado de falsificaciones: manuscritos, monedas, objetos rituales, etc.
Al mismo tiempo, surgieron obras con fines políticos que pretendían demostrar conspiraciones inexistentes, como la orden rosacruz (inicialmente una burla) o el falso “concilio de los sabios de Sion”.
Desafíos actuales
Hoy el historiador dispone de una gran variedad de fuentes, residuos de épocas ya desaparecidas. Su tarea consiste en interpretar esos fragmentos, situarlos en el contexto adecuado y distinguir los documentos auténticos de los falsos, para reconstruir un pasado lo más fiel posible a la realidad, aunque nunca podamos experimentar directamente la vida cotidiana de épocas ajenas.