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María Teresa de Austria, "ladrona" de uvas: una curiosa anécdota

María Teresa de Austria,  ladrona  de uvas: una curiosa anécdota

Anécdota de la emperatriz María Teresa

Esta singular y, a la vez, entrañable anécdota ilustra con más claridad que cualquier discurso la profunda sensibilidad moral y el sentido de justicia que caracterizaron siempre a María Teresa de Austria, tanto como mujer como soberana.

Una tarde, mientras paseaba sin compañía junto a su esposo, el emperador Francisco Esteban I de Lorena, la monarca sintió una gran sed, pero no había agua a la vista.

Al divisar un viñedo cercano, la situación parecía resolverse: Francisco trepó la cerca y, como quien toma prestado un bocadillo, robó un racimo de uvas para dárselo a su esposa.

Sin embargo, el propietario del viñedo, un agricultor legítimo, los sorprendió justo cuando estaban a punto de degustar el “botín”. Furioso, exigió una multa de cinco escudos.

Al no disponer de dinero, el agricultor tomó la medida extrema de encerrarlos en su casa, manteniéndolos como rehenes.

Tras varias horas de interrogatorio, temiendo que la situación empeorara, el emperador reveló su verdadera identidad. El granjero, incrédulo y pensando que se trataba de una broma, se enfureció aún más y se negó a liberarlos.

La suerte cambió cuando los cortesanos, preocupados por la ausencia de la pareja real, los localizaron. Aunque inicialmente pretendían castigar severamente al agricultor, María Teresa intervino firmemente, argumentando que él solo había defendido su derecho sobre su propia tierra.

Así, la historia terminó sin violencia, mostrando la capacidad de la emperatriz para equilibrar la autoridad real con la justicia popular.