Defender a Bélgica y a Francia
Gran Bretaña tenía un tratado con Bélgica que la obligaba a defender al país si era invadido. Cuando Alemania ocupó Bélgica en agosto de 1914, el Reino Unido declaró la guerra a Alemania.
Además, existía un pacto defensivo con Francia. Al ser atacada por Alemania en el mismo mes, Francia contó con el apoyo británico, lo que volvió a justificar la declaración de guerra.
Los lazos económicos entre Gran Bretaña y sus aliados, sobre todo Francia y Bélgica, también eran estrechos; una derrota alemana sobre ellos habría repercutido gravemente en la economía británica.
Impedir que Alemania se convirtiera en una potencia dominante
En el inicio del siglo XX, Alemania emergía rápidamente como una potencia militar y naval. Su ejército estaba entre los más fuertes del mundo y su armada crecía a pasos agigantados. Si no se contenía, Alemania habría supuesto una amenaza directa a la seguridad británica y a su extenso imperio.
Preservar el equilibrio de poder en Europa
Históricamente, Gran Bretaña había desempeñado un papel clave en mantener el equilibrio de fuerzas en el continente. Permitir que Alemania alcanzara una hegemonía habría alterado ese equilibrio y aumentado el riesgo de un conflicto mayor.
Salvaguardar el Imperio Británico
El Imperio Británico era una de las mayores potencias globales de la época. Una derrota frente a Alemania habría puesto en peligro la integridad y la continuidad de sus dominios alrededor del mundo.