Formación religiosa y espiritual
En su juventud, Francisco continuó los estudios teológicos y profundizó su vida espiritual. Se unió a un grupo llamado los "Caballeros Pobres de Cristo", que practicaba la pobreza, la humildad y el servicio a los demás. Durante ese periodo sintió con más fuerza el llamado a vivir en simplicidad, pobreza voluntaria y entrega total a Dios.
Peregrinación a Santiago de Compostela
Francisco emprendió una peregrinación a Santiago de Compostela, en la actual España. Ese camino, considerado uno de los principales destinos de los peregrinos medievales, implicaba largas travesías y numerosos retos. Le sirvió para meditar sobre su vida, su búsqueda espiritual y su creciente deseo de dedicarse por completo a Dios.
Encuentro con el crucifijo de San Damiano
Un momento decisivo ocurrió en la pequeña iglesia de San Damiano, donde, según la tradición, el crucifijo le habló: "Repara mi Iglesia". Ese mensaje marcó profundamente a Francisco y consolidó su decisión de consagrar su vida a la renovación de la Iglesia y a la entrega a Dios.
Renuncia a los bienes mundanos
Como gesto simbólico, Francisco abandonó todas sus posesiones terrenales, incluida su ropa lujosa y la herencia familiar. Este acto demostró su compromiso con la pobreza y su voluntad de vivir en desapego material, para enfocarse en la misión espiritual y servir a Dios con todo el corazón.
Fundación de la Orden Franciscana
Con el tiempo, Francisco reunió a seguidores que compartían su visión de una vida religiosa basada en la pobreza, la humildad y el servicio. Ese grupo se convirtió en el núcleo de la Orden Franciscana, que el Papa Inocencio III reconoció oficialmente en 1223. El carisma, la humildad y el amor profundo de Francisco atrajeron a personas de diversos orígenes que deseaban vivir al servicio de Dios y del prójimo.