Tras el estallido de la burbuja económica, las empresas japonesas intentaron sobrevivir mediante reestructuraciones, externalización de la producción y expansión al exterior. El crecimiento real mostró una ligera recuperación (2,8 % en 1995 y 3,2 % en 1996), pero la recuperación fue incompleta y la situación siguió siendo difícil.
La economía japonesa después del estallido de la burbuja
1993: El gobierno lanzó una política de estímulo económico y aumentó la inversión pública, pero no logró reactivar la economía. La prolongada recesión redujo los ingresos fiscales y obligó a financiar obras públicas mediante una gran emisión de bonos de déficit.
Los resultados negativos de la década de 1990 le valieron el apodo de décadas perdidas.
Consecuencias del estallido de la burbuja
Empresas y particulares que habían invertido en tierra y acciones con préstamos bancarios sufrieron graves pérdidas. Al caer los precios de los activos, la venta de garantías no generó suficiente dinero para cubrir las deudas, lo que aumentó significativamente la mala deuda.
Como consecuencia, se dispararon las quiebras corporativas y los préstamos incobrables se acumularon.
En 1997 el aumento del impuesto al consumo frenó aún más el gasto de los hogares, provocando una caída del consumo personal.
La deteriorada situación económica llevó a muchas empresas a restructurarse y reducir salarios. Estas medidas incrementaron el desempleo entre trabajadores de mediana edad y dificultaron la inserción de nuevos graduados, prolongando la recesión.
Así nació la conocida recesión de Heisei, que se mantuvo desde 1997.
Causas de la recesión de Heisei
- Aumento de préstamos incobrables y vulnerabilidad financiera tras el colapso de la burbuja.
- Incremento del impuesto al consumo al 5 %.
La quiebra de varias instituciones financieras agravó la situación, generando una restricción del crédito que creó un círculo vicioso: menos financiación para empresas, mayor deterioro de la economía.
Cómo se gestionaron los préstamos incobrables
Existen dos métodos principales:
Abandono de deudas malas
El banco decide cancelar total o parcialmente la deuda incobrable, asumiendo la pérdida.
Consolidación de deudas
Los activos colaterales se venden y el banco recupera la mayor parte posible; el resto se absorbe como pérdida.
En ambos casos el déficit del banco se reconoce, pero mantener la mala deuda sólo empeora la situación. Los bancos con ratios de solvencia por debajo del 8 % deben reestructurarse, cerrar o declararse en quiebra, lo que reduce aún más la disponibilidad de crédito, sobre todo para pymes.
Estabilización del sistema financiero
24 de noviembre de 1997: La firma de valores Yamaichi Securities se declara en liquidación voluntaria.
Posteriormente, siguieron las quiebras de otras entidades, como el Banco Hokkaido Takushoku, lo que obligó al gobierno a actuar para preservar la estabilidad financiera.
1998: Se estableció un sistema de inyección de fondos públicos para reforzar los bancos con bajo capital y para disponer de los préstamos incobrables.
Se aprobó la Ley de Estabilización Financiera y la Ley de Rehabilitación Financiera, creando la Agencia de Supervisión Financiera y la Corporación de Resolución y Cobro (RTC).
Agencia de Supervisión Financiera
Inicialmente dependiente de la Oficina del Primer Ministro, se reorganizó en la Agencia de Servicios Financieros en julio de 2000, separando las funciones de inspección y supervisión de bancos y aseguradoras del Ministerio de Finanzas. En 2001, la Comisión de Reconstrucción Financiera pasó a depender de la Oficina del Gabinete.
1998: Según el Ministerio de Finanzas, los préstamos incobrables ascendían a 76 billones de yenes. En marzo de ese año, el gobierno compró acciones bancarias para apoyar la gestión.
¿Por qué sólo se inyectó capital público a las instituciones financieras?
Los bancos son el motor del flujo de dinero en la economía. Si las instituciones que canalizan esos recursos colapsan, el movimiento de capital se interrumpe, profundizando la recesión y minando la confianza en el sistema financiero japonés.
La quiebra del Banco Hokkaido Takushoku, por ejemplo, tuvo un impacto devastador en la economía regional y sus efectos persisten hasta hoy.
Ley de revitalización financiera (septiembre de 1998)
- Antes de la quiebra: Obligación de divulgación de información, inyección de fondos públicos y objetivo de solidez.
- Después de la quiebra: Se elige entre tres alternativas para la entidad en dificultades; si ninguna funciona, se procede a su liquidación.
Las tres opciones son:
- Gestión pública especial (nacionalización temporal).
- Intervención de la Agencia de Supervisión Financiera mediante un síndico de consolidación.
- Compra de la deuda mala por parte de la RTC.
Recuperación de la recesión de Heisei
La recesión posterior al estallido de la burbuja se caracterizó por un elevado número de quiebras y una alta tasa de desempleo. Además, la acumulación de deudas incobrables provocó la quiebra de numerosas instituciones financieras, generando inestabilidad sistémica.
Desde principios de los años 90, la tasa de descuento oficial se redujo drásticamente, alcanzando un mínimo de 0,1 % en 2001.
Las empresas adoptaron medidas de reestructuración, limitaron la contratación de recién graduados y redujeron su plantilla. La caída de la demanda, la fuerte apreciación del yen y la competencia de importaciones baratas provocaron el colapso del sistema de precios fijos.
En 1999 el gobierno implementó medidas de estímulo:
- Reducción del impuesto sobre la renta y del impuesto municipal.
- Ampliación de obras públicas.
- Distribución de vales de promoción regional.
- Continuación de la estabilización del sistema financiero.
Una recesión no es totalmente negativa
Si bien una recesión suele asociarse a menor gasto y actividad económica reducida, también fomenta la eficiencia operativa y la búsqueda de innovaciones para reducir costos.
En períodos de contracción, las empresas se ven obligadas a optimizar procesos, lo que, cuando la economía se recupera, se traduce en mayor competitividad y crecimiento.
Los proyectos de obras públicas que fueron efectivos durante el rápido crecimiento del pasado ahora pueden resultar ineficaces si se ejecutan en áreas despobladas. En su lugar, sería más pertinente invertir en infraestructuras y servicios que respondan a una sociedad superenvejecida.