Historia de Asia

Transformaciones en la vida desde la recuperación de la posguerra hasta el milagro económico japonés

Tras la recuperación impulsada por la demanda de la Guerra de Corea, la economía japonesa entró en una fase de crecimiento sin precedentes. Entre 1955 y 1973 el crecimiento real anual superó el 10 % en promedio, duplicando o cuadruplicando la tasa de los países occidentales.

Nombres de los periodos de auge y recesión

Los medios y los economistas han acuñado distintos nombres para identificar cada fase de expansión o contracción.

  • 1950‑1953 – Economía de la demanda especial de la Guerra de Corea
  • 1955‑1957 – Auge Jinmu (31 meses)
  • 1958‑… – Recesión Nabezoko
  • 1958‑1961 – Auge Iwato
  • 1962‑1964 – Economía de los Juegos Olímpicos de Tokio (24 meses)
  • 1965‑… – Recesión de 1965
  • 1965‑1970 – Auge Izanagi (57 meses)
  • 1973 – Primer shock del petróleo
  • 1985 – Recesión por apreciación del yen
  • 1986‑1990 – Economía Heisei o burbuja
  • 1997‑… – Recesión Heisei tras el estallido de la burbuja

Fuente: Estadísticas económicas a largo plazo del Gabinete, cuentas nacionales

Origen de los nombres míticos

El auge Jinmu (1955) alude al legendario primer emperador Jimmu, considerado el mejor período económico desde sus inicios. El siguiente auge recibió el nombre de Amano‑Iwato (1958‑1961), inspirado en el mito en que la diosa del sol se refugia en una cueva, sumiendo al mundo en la oscuridad.

El auge Izanagi (1965‑1970) retoma la figura del dios creador Izanagi, mencionado en el mismo mito como el que quedó atrapado en la cueva. Estas referencias subrayan la percepción de que el país estaba saliendo de una era de sombras hacia una nueva luz económica.

Características de cada auge

Durante el auge Jinmu, el consumo per cápita superó los niveles previos a la guerra (1953) y surgió el lema “ya no somos una economía de posguerra”.

El auge Iwato se sustentó en exportaciones de textiles y maquinaria, así como en intensas inversiones en fábricas y construcción. El Libro Blanco de 1960 resaltaba la necesidad de “inversión que llama a la inversión”.

Plan de Duplicación del Ingreso (1960)

El gabinete de Hayato Ikeda lanzó el Plan de Duplicación del Ingreso, con el objetivo de doblar el Producto Nacional Bruto real en diez años a partir de 1961. La meta se superó ampliamente, impulsada por la proliferación de televisores en blanco y negro, refrigeradores, lavadoras y ollas arroceras, que transformaron los hábitos de consumo y liberaron tiempo para la mujer trabajadora.

El auge también se vio favorecido por una fuerte inversión fija orientada al mercado interno, aunque el crecimiento de importaciones de materias primas deterioró la balanza de pagos, obligando al Banco de Japón a endurecer la política monetaria.

El auge Izanagi (1965‑1970) estuvo marcado por una estrategia exportadora liderada por la industria pesada y química. La balanza de pagos se mantuvo en superávit y el gobierno emitió bonos para financiar inversiones públicas, logrando el mayor período de expansión de la posguerra (57 meses). En la vida cotidiana surgió el “boom de los 3C”: coche, televisión a color y refrigerador.

En 1968, el PNB de Japón quedó en segundo lugar a nivel mundial, y los salarios de los recién graduados permitían viajes al extranjero, señal de una sociedad cada vez más globalizada.

Factores que sustentaron el alto crecimiento

Fuerza laboral abundante

El período de crecimiento (1954‑1970) coincidió con la llegada al mercado laboral de la generación del baby‑boom y la migración del campo a la ciudad. El empleo vitalicio y los salarios basados en la antigüedad favorecieron relaciones cooperativas entre trabajadores y empresas.

Innovación tecnológica e inversión de capital

Los bajos costos laborales y altos márgenes de beneficio permitieron a las empresas invertir en equipos modernos, adoptando tecnologías extranjeras y mejorando la productividad mediante la producción en masa.

Alta tasa de ahorro

El elevado ahorro interno fue canalizado por los bancos hacia la financiación de la inversión corporativa, proporcionando los recursos necesarios para la expansión.

Entorno internacional favorable

Los precios bajos del petróleo y de los minerales, junto con un tipo de cambio fijo de ¥360 = $1, impulsaron las exportaciones.

Expansión del mercado interno

El aumento del ingreso disponible generó una demanda creciente de electrodomésticos y automóviles, creando un círculo virtuoso de producción‑consumo.

Política industrial del gobierno

El Estado mejoró la infraestructura (carreteras, ferrocarriles, puertos) y ofreció incentivos fiscales a sectores estratégicos.

Consecuencias del milagro económico

Desconcentración urbana y contaminación: La concentración de población y fábricas provocó graves problemas de polución; el cielo gris de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1964 fue un ejemplo visible. En 1967 se iniciaron los primeros juicios por contaminación y se aprobó la Ley Básica de Control de la Contaminación, creando el Ministerio de Medio Ambiente en 1971.

El crecimiento demográfico agravó la escasez de vivienda y generó congestión, ruido y residuos en las grandes ciudades.

Estructura industrial

La proporción del sector primario disminuyó, mientras que la industria pesada y el sector servicios ganaron peso, convirtiendo a la economía en más orientada a servicios.

Cambios en el estilo de vida

El aumento de trabajadores de oficina y la mayor participación femenina transformaron la sociedad. La era del consumo masivo generó valores más individualistas y una mayor exigencia por calidad y precio.

Fin del milagro y transición a un crecimiento estable

En 1973 el primer shock del petróleo, impulsado por la OAPEC, disparó los precios del crudo, provocó inflación y déficits en la balanza de pagos. El gobierno respondió con medidas de contención de la demanda: reducción de obras públicas y aumento de la tasa de descuento al 9 %.

El resultado fue una desaceleración a un ritmo del 3‑5 % anual entre 1974 y principios de los 80. Un segundo shock en 1979, tras la revolución iraní, elevó nuevamente los precios del petróleo, pero la política de ahorro energético y la disciplina empresarial permitieron a Japón superar la crisis con relativa rapidez.

Los shocks petroleros marcaron el paso de un crecimiento explosivo a una fase de crecimiento moderado, impulsando la eficiencia energética y la racionalización de la gestión empresarial.