La muerte de Mao Zedong en 1976 marcó un punto de inflexión en la historia económica de China. A partir de entonces, el país inició una serie de reformas que lo llevaron de una economía planificada y aislada a una economía de mercado abierta y globalizada.
1. Política de Apertura (Gaige Kaifang)
El sucesor de Mao, Deng Xiaoping, lanzó a finales de los años setenta la “Política de Apertura”. Se dejó atrás el aislamiento y se invitó a la inversión y el comercio exterior, creando zonas económicas especiales (ZEE) para atraer empresas extranjeras.
2. Reformas agrícolas
Se desmanteló el sistema de comunas y se instauró el “Sistema de Responsabilidad Familiar”. Los agricultores pudieron decidir el uso de sus parcelas y quedarse con parte de la cosecha, lo que disparó la productividad y los ingresos rurales.
3. Reformas industriales
Las empresas estatales (SOE) recibieron mayor autonomía y la posibilidad de retener utilidades. Además, se fomentó la creación de empresas privadas y colectivas, mejorando la eficiencia y la competitividad del sector.
4. Transición a una economía de mercado
Se redujeron los controles de precios y se permitió que las fuerzas del mercado determinaran gran parte de los valores. El sector privado creció, impulsando la competencia y la innovación.
5. Inversión extranjera y comercio exterior
China buscó activamente capital extranjero, especialmente en la industria manufacturera orientada a la exportación. La inversión directa extranjera (IDE) aumentó de forma sostenida, integrando al país a la economía global.
6. Crecimiento orientado a la exportación
Al aprovechar mano de obra barata y recursos abundantes, China se convirtió en la “fábrica del mundo”. Las exportaciones crecieron rápidamente, consolidando su posición como principal suministrador global.
7. Urbanización e infraestructura
El rápido crecimiento económico aceleró la urbanización y dio lugar a una gran expansión de infraestructuras: carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y redes de telecomunicaciones.
8. Desigualdades de ingresos
Si bien las reformas generaron prosperidad general, también ampliaron la brecha entre áreas rurales y urbanas y entre diferentes grupos de ingresos.
En resumen, después de la muerte de Mao, China pasó de una economía centralizada y planificada a un modelo más abierto y orientado al mercado, lo que impulsó un crecimiento sostenido, mayor inversión extranjera y una profunda integración en la economía mundial.