Durante el Nuevo Reino (c. 1550‑1070 a.C.) Egipto experimentó un notable auge comercial. Varios factores interrelacionados impulsaron este crecimiento.
1. Crecimiento demográfico
La población egipcia aumentó considerablemente, elevando la demanda de alimentos, materias primas y bienes de consumo. Para abastecer a la sociedad en expansión, se intensificó el comercio interno y se buscaron suministros en el extranjero.
2. Expansión imperial
Las campañas militares llevaron al control de nuevos territorios, que aportaban recursos valiosos y abrían rutas comerciales antes inaccesibles. El dominio sobre Nubia, Levante y partes de Siria facilitó el intercambio de metales, madera y productos agrícolas.
3. Avances en transporte
Se construyeron embarcaciones más grandes y resistentes y se mejoró la red de caminos y carreteras. Estas innovaciones redujeron los tiempos de viaje y los costes, permitiendo que los mercaderes alcanzaran mercados más lejanos con mayor rentabilidad.
4. Diplomacia y tratados
Los faraones firmaron acuerdos diplomáticos y comerciales con estados vecinos. Las alianzas garantizaban la protección de caravanas y barcos, disminuyendo los riesgos del comercio de larga distancia y facilitando la entrada de productos extranjeros.
5. Demanda de artículos de lujo
Una élite cada vez más adinerada buscaba especias, incienso, oro, piedras preciosas y otros objetos exóticos. Estos bienes, provenientes de Asia, África y el Mediterráneo, estimularon las rutas comerciales de larga distancia.
6. Patrocinio real
Los faraones y la corte real promovieron activamente el comercio, organizando expediciones oficiales para obtener materias primas y objetos raros. El apoyo del Estado legitimó y reforzó la actividad mercantil.