Introducción
La nostalgia y la melancolía llevaron a Garcilaso de la Vega a escribir sobre los incas, sus antepasados, a quienes circulaban historias caprichosas. El mestizo peruano quiso corregir esas falsedades y se convirtió en una figura central de la crónica histórica.
Los mestizos: fruto del encuentro de dos mundos
Francisco Pizarro tuvo tres hijos con mujeres indígenas: un hijo con Doña Angelina, hija del inca Atahualpa, y dos con Doña Inés de Huaylas, hija de Huayna Cápac. Estos niños fueron mestizos, producto de la unión entre un español y una india. Durante la conquista, la escasez de mujeres españolas hizo frecuente este tipo de relaciones, y la tendencia continuó durante décadas porque llegaban más hombres que mujeres desde la península.
Retrato imaginario del Inca Garcilaso de la Vega.
El matrimonio español y la exclusión de las mujeres indígenas
Los matrimonios entre españoles estaban reservados a su propia clase. Las mujeres indígenas eran tomadas como concubinas y sus hijos eran considerados bastardos. Cuando los españoles llegaron al virreinato, los hijos mestizos y las concubinas fueron abandonados. La unión entre una india y una española era extremadamente rara.
Garcilaso declaraba: «Los hijos de españoles e indios se llaman mestizos; es un nombre impuesto por nuestros padres y lo llevo con orgullo».
Discriminación contra los mestizos
Los mestizos fueron marginados tanto por la sociedad española como por la indígena. Entre las restricciones más graves estaban:
- No podían ejercer funciones públicas.
- Se les prohibía portar armas, privilegio reservado a españoles, criollos y caciques.
- Generalmente no eran aceptados en seminarios ni órdenes religiosas; estaban vedados a la sagrada orden.
- No podían ser nombrados caciques, puesto reservado a la nobleza inca.
- Muchos dependían del sustento familiar, trabajando en casas o haciendas; otros se dedicaban a oficios, convirtiéndose en jornaleros o campesinos.
Aunque discriminados, los mestizos fueron creciendo demográficamente. Los censos del siglo XVIII muestran un notable aumento de la población mestiza en el Virreinato del Perú, mientras la población indígena disminuía peligrosamente.
Un mestizo destacado: el Inca Garcilaso de la Vega
Nació en Cuzco (Cozco) el 12 de abril de 1539 y fue bautizado como Gómez Suárez de Figueroa. A los 24 años adoptó el nombre de Gómez Suárez de la Vega y, más tarde, Garcilaso de la Vega, para distinguirse del poeta español del mismo nombre. Hoy se le conoce como Inca Garcilaso de la Vega.
Su padre fue el capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega, quien llegó a Perú con la expedición de Pedro de Alvarado en 1534 y se estableció en Cuzco con una encomienda en Cotanera. Su madre fue la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Túpac Yupanqui, sobrina de Huayna Cápac y prima de Huáscar y Atahualpa.
Gómez Suárez de Figueroa, “Inca Garcilaso de la Vega”.
Infancia y educación
La casa del capitán Garcilaso reunía a españoles y nobles indios; Gómez asistía a frecuentes encuentros de ambas culturas. Su madre le enseñó quechua y la historia inca, mientras su padre, a través del tutor Juan de Alcobaza, le impartió gramática y latín. El canon Juan de Cuéllar perfeccionó su latín y el capitán Gonzalo Silvestre le instruyó en historia española.
El padre, cambiando de lealtad según convenía, abandonó a su esposa india y se casó con la española Luisa Martel de los Ríos y Lasso de Mendoza, con quien tuvo dos hijas. Garcilaso quedó bajo el cuidado de su madre y vivió en la casa familiar.
Viaje a España
En 1559 falleció su padre, quien dejó una hacienda de coca en Havisca y cuatro mil pesos para que Garcilaso estudiara en España. Tras la muerte de sus hermanas legítimas, el joven decidió partir en 1560. Primero viajó a Lima, donde quedó desilusionado, y luego zarpó desde el Callao. Tras una travesía que incluyó Lisboa, llegó a Sevilla en 1561.
Su objetivo era reclamar las propiedades paternas y los bienes de su madre, pero los tribunales españoles le negaron el reconocimiento, argumentando que su padre había “salvado su vida”.
Vida en la península
Desanimado en la corte, su tío Alonso de Vargas lo acogió en Montilla (Córdoba) y lo adoptó como hijo. Garcilaso gestionó los bienes del tío y amplió sus conocimientos culturales. Tras la muerte de Alonso en 1570, heredó la hacienda y, entre 1570 y 1571, sirvió en el ejército real bajo Juan de Austria contra los moros en la batalla de las Alpujarras, alcanzando el rango de capitán.
En 1588 quedó en condiciones económicas suficientes para dedicarse por completo a la escritura. Se instaló en Montilla, donde participó en el consejo municipal y adquirió viñedos y fincas. Más tarde vendió esas propiedades y se trasladó a Córdoba, donde la comunidad jesuita lo apoyó en la producción de sus obras.
Fallecimiento
El Inca Garcilaso de la Vega murió el 23 de abril de 1616 y fue sepultado en una capilla que él mismo había construido dentro de la catedral de Córdoba. En su cripta se lee: «Vivió en Córdoba con mucha devoción. Murió ejemplarmente; dejó esta capilla y allí se enterró».
Obras principales
- 1588 – Los Diálogos de Amor de León Hebreo (traducción del italiano).
- 1590 – Relación de los descendientes del famoso Carci Pérez de Vargas.
- 1605 – Historia de Florida y el viaje del gobernador Hernando de Soto.
- 1609 – Comentarios Reales (primera parte).
- 1617 – Historia General del Perú (segunda parte de los Comentarios Reales, publicada póstumamente).
Portada de una de las primeras ediciones de los “Comentarios Reales de los Incas”, impresa en Madrid, 1628.
Prólogo de los “Comentarios Reales”
Garcilaso explica que, aunque varios españoles han escrito sobre el Nuevo Mundo, ninguno ha descrito con la claridad y detalle que él, como nativo de Cuzco, puede ofrecer. Su intención era revelar la realidad del Perú antes de la conquista española.