Historia de Sudamérica

La Navidad en la Lima de antaño

Introducción

¿Cómo celebraban los limeños de antaño la Navidad? En el siglo XIX la fiesta era eminentemente religiosa y se prolongaba durante todo el mes de diciembre. Como señalaba el cronista José Gálvez, «todo el mes de diciembre y parte de enero fueron festivos en Lima». La agenda incluía la Inmaculada Concepción (7 de diciembre), Santa Lucía (13), la novena del aguinaldo (15), los días 24, 25 y 26 de Navidad, la conmemoración de la Masacre de los Santos Inocentes (28), la Circuncisión (1 de enero), el desfile de la bandera (5) y la gran fiesta de los Reyes Magos (6).

Ricardo Palma recuerda que la tarde del 24 de diciembre los comerciantes instalaban mesas en la Plaza Mayor vendiendo flores, dulces, conservas, juguetes y toda clase de alimentos. A medianoche la multitud acudía a la misa de gallo; esa tradición se extinguió en 1902 cuando el alcalde Federico Elguera remodeló la plaza y trasladó las celebraciones al Parque de la Exposición, que años después también dejó de usarse para la fiesta.

La Navidad en la Lima de antaño

Misa de medianoche

La liturgia más importante de la Nochebuena se celebraba a la medianoche. Las iglesias decoraban minuciosamente sus altares; la misa de la Merced, en el jirón de la Unión, era famosa. Las damas asistían con mantillas, como en la época colonial. Tras la misa, la gente regresaba a la Plaza Mayor para seguir festejando. En los hogares, según la posición social, se servía cena, bebidas y baile.

Los nacimientos (pesebres)

Los “pesebres” o nacimientos, también llamados misterios, eran organizados por los frailes de la orden de los Bethlemitas. El convento de la Merced albergaba el más célebre, conocido por sus muñecos automáticos y sus villancicos. Otros ejemplos destacados eran:

  • El nacimiento de la familia Ingunza en la calle Corcovado, elaborado en plata.
  • El de la calle Borricos, con figuras de tamaño real.
  • El nacimiento de la calle Botones, en el Cercado, de Carlos Cisneros, que reproducía paisajes bíblicos, ciudades, barcos y hasta tranvías.
  • El de la calle Peña Horadada (actual jirón Junín), que según Eudocio Carrera dominó la conversación limeña durante dos semanas.

En las casas acomodadas se invitaba a amigos a ver el pesebre, acompañándolo de bailes y cenas lujosas. En los hogares modestos, cualquiera podía entrar; se colocaba una taza en la puerta para recibir limosna destinada al “orín del Niño”, nombre popular de la chicha de maíz que se brindaba al recién nacido. Estas visitas nocturnas, que iban de las siete a las once, desaparecieron con el tiempo.

La cena navideña

La cena era un auténtico festín de sabores. En las plazas se instalaban mesas itinerantes donde se servían guisos criollos: puchero de cerdo, manjar blanco, maní, camote, picarones, alfajores de Huaura y Trujillo, ceviche de mariscos, anticuchos, lechón asado, entre otros. Se bebía pisco en garrafones, chicha en jarros y se ofrecían dulces importados: chocolate, nougat, frutas confitadas, quesos suizos y pastas italianas.

Durante la bonanza del guano, las Navidades eran opulentas; la Guerra del Pacífico y la Reconstrucción nacional marcaron épocas de tristeza. A partir de 1895, con el gobierno de Nicolás de Piérola, se introdujeron costumbres europeas: árbol de Navidad, Papá Noel, cena familiar y la gastronomía europea. Los escaparates del jirón de la Unión anunciaban una gran variedad de golosinas y licores a precios razonables (Diario El Comercio).

Abraham Valdelomar describe en su “Carta de Pascua” una mesa blanca con lechón asado, almendras, pimentón, plátanos, uvas pintadas, empanadas de maíz doradas, pan tibio, tamales y el “agrás” de canela y nuez moscada, perfumada con rosas, claveles y jazmín.

Según la gastrónoma Rosario Olivas, los platos imprescindibles eran los tamales y los chicharrones; a finales de la década de 1920 el pavo comenzó a ganar popularidad.

La Navidad en la Lima de antaño

Panetón

El consumo del panetón, típico de Milán, se introdujo a principios del siglo XX, aunque ya a finales del siglo XIX algunas familias italianas lo disfrutaban. Un anuncio de 1898 en El Comercio promocionaba el Panetón Bonaspetti en la Bodega de la Unión. En los años veinte, su consumo se popularizó y hasta pastelerías chinas comenzaron a elaborarlo.

Papá Noel

La figura de Santa Claus llegó al Perú a finales del siglo XIX. En 1906 el periodista Federico Larrañaga describía a Papá Noel como nacido en París, entre los pinos nevados de Montmartre. Su imagen se difundió en postales y tarjetas navideñas a principios del siglo XX.

La Navidad en la Lima de antaño

De la fiesta religiosa a la fecha comercial

Con el tiempo la Navidad se transformó en una fecha comercial. Grandes almacenes del jirón de la Unión, como Casa Welsch, Oeschle, Crevani y Pigmalyon, ofrecían regalos, juguetes y artículos de lujo. Los juguetes favoritos eran carritos, trompetas, payasos de trapo, caballitos de madera, soldados de hojalata, tambores y casitas de muñecas.

Alrededor de 1930 muchas de estas tradiciones empezaron a desvanecerse, y la celebración comenzó a asemejarse a la que conocemos hoy. Este breve recuerdo nos invita a reflexionar sobre el verdadero sentido de la Navidad peruana, comparando su pasado con la actualidad.

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

Publicación anterior
Publicación siguiente