Despedida de un ícono del criollismo
El sábado 5 de abril de 2014 el Perú perdió a uno de sus mayores exponentes de la música popular: Óscar Avilés Arcos. Durante más de siete décadas combinó la elegancia del drone con la brillantez de sus trinos, manteniendo vivo el espíritu del criollo de antaño, respetuoso de la familia, la mujer y la patria.
Primeros años y formación
Cuenta la leyenda que nació con una guitarra bajo el brazo, pero la realidad fue que sus padres, músicos aficionados, le transmitieron el amor por la música. Desde pequeño tocó cajón y, poco después, la guitarra, ocultándose en el armario de su casa para practicar en secreto. Al reconocer su talento, su familia lo ingresó con una beca al Conservatorio Nacional de Música, donde recibió una formación académica que, sin embargo, dejó a un lado para seguir el llamado del barrio, la jarana y la calle.
Inicios en la escena limeña
A los 15 años ya se le veía en los principales centros musicales de Lima: La Victoria, Barrios Altos y Breña. Allí absorbió los estilos de vals criollo y empezó a crear una forma propia de interpretarlo, marcando el ritmo de una generación.
Trayectoria y colaboraciones
Su carrera está estrechamente vinculada a los grandes nombres del criollo: Los Morochucos, Chabuca Granda, Alicia Maguiña, Arturo “Zambo” Cavero, La Limeñita y Ascoy, Los Hermanos Zañartu, entre otros. Grabó cientos de discos, tanto como solista (guitarra, cajón y castañuelas) como acompañante de orquestas de violín, y es considerado por muchos el “Primer Guitarrista del Perú”.
Innovación en el vals criollo
Chabuca Granda afirmó que sin Óscar Avilés el vals criollo habría “muerto de tun‑de‑te”, esa onomatopeya que alude al ritmo 3/4 heredado de Johann Strauss. Avilés revolucionó el vals con sus drones, trinos, silencios estratégicos y transiciones creativas, todas ellas de su propia autoría y arreglo.
Reconocimientos y legado
Más de treinta álbumes, giras por el Perú y el extranjero, y distinciones como “Patrimonio Artístico de América Latina” otorgada por la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Palmas Magisteriales del Ministerio de Educación, consolidan su figura como símbolo de la música peruana.
Su fallecimiento a los 90 años deja un vacío difícil de llenar en una sociedad que a menudo aplaude sin valorar el arte. Sin embargo, su voz, su alegría y sus acordes inconfundibles permanecen como legado inmortal.
Poema en su honor
A los ocho años
un niño toca la guitarra
con talento, arte y coraje
y con mucha, mucha destreza.
Su estilo gusta y convence
y, años después,
alguien pregunta “¿quién toca?”
y mil bocas responden
> “¡Óscar Avilés toca!”