Historia de Sudamérica

La religión inca

La religión inca, al igual que muchas creencias de los pueblos originarios de América, concebía a sus dioses como seres vinculados a la naturaleza. Por ello, el panteón incluía múltiples deidades y, como ocurre en la mayoría de las religiones del mundo, contaba con mitos de creación del hombre.

Principales deidades de la religión inca

Viracocha, el dios creador, era considerado el anciano del cielo y señor del mundo. Según la tradición, creó la tierra, los animales y a los seres humanos, y los modeló a partir de piedra. Después los dispersó en los cuatro puntos cardinales y les enseñó oficios y técnicas. Viracocha realizó varios viajes, llegando hasta la zona de Manta (Ecuador), desde donde cruzó el Pacífico en una embarcación hecha con su propia capa o, según otra versión, caminó sobre el agua.

Inti, el dios Sol, protegía a la familia real y su calor hacía florecer los cultivos andinos. Se le representaba con rostro humano sobre un disco radiante. Cada solsticio de invierno se celebraba el Inti Raymi, gran fiesta solar en la que se ofrecían fuego, víctimas sacrificadas, hojas de coca y maíz, y se recitaba: "¡Oh Creador, Sol y Trueno, mantente siempre joven! Multiplica los pueblos y que vivan en paz".

Su esposa, Mama Killa, era la diosa Luna y regulaba los ciclos menstruales de las mujeres.

El apu Illapu era el dios de la lluvia y la agricultura. En épocas de sequía, los incas peregrinaban a templos de alta montaña dedicados a Illapu y, si la escasez persistía, ofrecían sacrificios humanos. Creían que la sombra de Illapu estaba en la Vía Láctea, de donde brotaba el agua que caía como lluvia.

Otros dioses relevantes son Pachamama, madre tierra, protectora de montañas, rocas y llanuras, y Pachacámac, espíritu que impulsaba el crecimiento de cereales, animales, aves y seres humanos.

La religión inca

Mitos y leyendas incas

Según la tradición, Viracocha dio vida a sus dos hijos, Mama Oclo (hija de la Luna) y Manco Cápac (hijo del Sol), quienes fueron depositados en las islas del Lago Titicaca. Allí recibieron la misión de buscar el lugar donde fundarían su imperio.

Al llegar al altiplano andino, donde hoy se asienta Cuzco, Manco hundió su bastón en la tierra, provocando una grieta que se abrió bajo sus pies. Ese sitio fue nombrado "Cuzco", el ombligo del mundo, y se convirtió en la capital del Imperio Inca. La ciudad fue diseñada con la forma de un puma, y su fortaleza principal, Sacsahuamán, se ubica en la cabeza del animal.

Existen leyendas que afirman que la cabeza del último emperador inca, Atahualpa, fue enterrada en Cuzco con la intención de que la tierra, con el tiempo, reconstituyera su cuerpo y él regresara para liberar al imperio de los invasores.

La religión inca

Otra versión narra que, tras un gran diluvio, sólo sobrevivieron Mama Oclo y Manco Cápac. Tras cruzar el lago en una balsa de totora, llegaron al altiplano, donde Manco volvió a enterrar su bastón y fundó Cuzco, iniciando así la gloriosa civilización inca.

El quinto sol

Los incas creían que vivían en el "quinto mundo". Cada mundo había durado mil años, y al terminar surgía un nuevo Sol que iniciaba un nuevo ciclo. El cambio de era se llamaba Pachacuti, que significa "inversión del mundo" y alude a periodos de gran transformación, destrucción y renovación. Para los incas, la conquista española representó ese Pachacuti.

Este concepto de ciclos temporales tiene paralelos en la tradición cristiana, como el Juicio Final, aunque en la visión cristiana se proyecta al futuro, mientras que para los incas el Pachacuti estaba ocurriendo en su presente.