Los "años veinte" en Francia se refieren al periodo comprendido entre 1920 y 1929, una década marcada por una notable recuperación económica y una gran efervescencia cultural e intelectual. Gracias a la des‑tensión internacional, la industria francesa se consolida en los mercados europeos y el nivel de vida mejora. París se convierte en un centro activo de creación literaria y artística. Tras la dolorosa experiencia de la Gran Guerra, la sociedad francesa cambia de rostro mientras una minoría da origen a los «años veinte», periodo que refleja su deseo de olvidar la guerra y divertirse.
Francia al inicio de los años veinte
El 14 de julio de 1919 Francia celebró la victoria, pero a un precio altísimo. La guerra dejó 1.385.000 muertos y más de 7 millones de supervivientes entre los 8,66 millones movilizados. Además, cientos de miles quedaron mutilados: se estiman 25.000 personas con una sola pierna y 14.000 con rostro desfigurado.
Demográficamente, Francia no vivió el baby‑boom que siguió a la Segunda Guerra Mundial. El déficit de nacimientos provocado por la guerra se calcula en 1,4 millones, lo que provocó un envejecimiento de la población; a principios de los años veinte el 13,5 % de los franceses ya tenían más de sesenta años, una de las mayores proporciones de Europa.
En julio de 1920 se aprobó una ley que penalizaba el aborto, mientras que el país fomentaba la inmigración. Entre 1920 y 1930 más de un millón de inmigrantes llegaron a Francia; su peso pasó del 2,7 % de la población en 1911 al 6,96 % en 1931, convirtiendo a Francia en la primera nación receptora de inmigrantes del mundo, por delante incluso de Estados Unidos.
Los inmigrantes más numerosos fueron los polacos, seguidos de portugueses e italianos. Ciudades del norte y del este, como Ostricourt, llegaron a estar casi totalmente pobladas por polacos.
A la pérdida humana se sumó la destrucción material: diez departamentos, sobre todo en el norte y este, quedaron gravemente dañados. Se destruyeron 450.000 viviendas y 5.000 km de vías férreas; la catedral de Rouen fue uno de los símbolos de la devastación.
Del Bloque Nacional a la Unión Nacional
El Bloque Nacional, coalición de centro‑derecha, llegó al poder el 16 de noviembre de 1919. La mayoría de sus diputados eran veteranos, lo que le valió el sobrenombre de "Cámara azul" por el color de los uniformes. Tras la elección de Paul Deschanel como presidente en enero de 1920, el bloque centró sus esfuerzos en consolidar la paz y evitar otro conflicto.
Se creó la Sociedad de Naciones, aunque sin fuerzas armadas, lo que limitó su efectividad. Francia, bajo la presión del ministro de Finanzas Lucien Klotz, exigía reparaciones a Alemania. Cuando Berlín se mostró reacio a pagar, Francia ocupó el Ruhr en 1923, pero tuvo que retroceder ante la protesta internacional.
En el ámbito interno, la izquierda se dividió en el congreso de Tours (1920), donde una parte aceptó integrarse a la Tercera Internacional (naciendo la futura PCF) y otra se mantuvo independiente. Ese mismo año surgió la CGT‑U, reflejando la escisión sindical.
El Cartel de la Izquierda
En las elecciones legislativas de 1924 triunfó el Cartel de la Izquierda, alianza de radicales y socialistas, que puso fin al Bloque Nacional. El presidente Alexandre Millerand renunció y, tras una breve disputa, el senador Gaston Doumergue fue nombrado presidente, pese a la oposición del Cartel.
El gobierno cartista se caracterizó por su anticlericalismo y por intentar reducir el enorme déficit fiscal. Sin embargo, el 21 de julio de 1926 el experimento cartista colapsó.
Los financieros y el Banco de Francia tomaron el control. Raymond Poincaré, presidente desde 1913, lideró la Unión Nacional, periodo que marcó una recuperación económica y una mayor apertura cultural, mientras la sociedad empezaba a olvidar la guerra.
Los años veinte: la era de las vanguardias
A pesar del déficit demográfico, la sociedad francesa experimentó grandes transformaciones. La población urbana superó a la rural por primera vez en 1931. Surgió una cultura de masas que anticipó los años treinta.
París se convirtió en la cuna del surrealismo. André Breton, Philippe Soupault, Robert Desnos y Paul Éluard, influenciados por el psicoanálisis freudiano, practicaron la escritura automática, la hipnosis y crearon el juego del "cadáver exquisito" en 1926.
En música, Erik Satie renovó la estética con su humor irónico, mientras el grupo de los Seis (Milhaud, Honegger, Poulenc, Auric, Durey y Taillefer) rechazaba el impresionismo de Debussy mediante la polifonía y la polirritmia. Maurice Ravel compuso el famoso "Boléro" en 1928 y Vincent d'Indy mantuvo la tradición de César Franck hasta su muerte en 1931.
La Nouvelle Revue Française floreció bajo André Gide; la literatura de guerra (Roland Dorgelès, Henri Barbusse, Joseph Kessel) gozó de gran éxito. El cine francés, aunque rezagado respecto a EE. UU., empezó a experimentar con el sonido al final de la década.
Una nueva forma de vivir
Hollywood ganó terreno en Francia, impulsado por la fascinación americana. El music‑hall de Josephine Baker, los bailes del shimmy y el Charleston, y el auge del jazz con Louis Armstrong y Benny Goodman marcaron la vida nocturna. Cantantes como Mistinguett, Fréhel y Maurice Chevalier alcanzaron una enorme popularidad; en 1925 había 500.000 receptores de radio, cifra que aumentó a 600.000 en 1927.
En moda, Coco Chanel se consolidó como ícono, mientras el Art Deco definía la arquitectura y el diseño. La prensa, liderada por Le Petit Parisien, vendía más de 1,5 millones de ejemplares diarios y se diversificó con periódicos deportivos y musicales.
Aunque se habla de "años veinte" como época de libertad, la realidad social siguió bastante tradicional. La política pronatalista del inicio de la década mantenía la idea de que el deber de la mujer era dar hijos a Francia; la participación femenina en el mercado laboral apenas cambió, pasando del 37,7 % en 1911 al 35,5 % en 1931.
El final de los años veinte
Fuera del ámbito cultural, los años veinte no transformaron profundamente una Francia todavía marcada por estructuras sociales rígidas, una fuerte ruralidad y una cultura del ahorro. El temor a una nueva guerra permanecía latente, lo que limitó la capacidad del país para enfrentar el ascenso de ideologías totalitarias, como el nazismo.
La crisis de 1929 puso fin abrupto a esta segunda "Belle Époque".
Bibliografía indicativa
- The Roaring Twenties, Myriam Juan, 2021
- MONIER Frédéric, The 1920s, "Contemporary France", Le livre de poche, París, 1999.
- ANNIE GOLDMANN, The Roaring Twenties, Casterman, 1995.