Para su cumpleaños, un niño de doce años recibió como regalo un vuelo turístico sobre Hamburgo a bordo de un hidroavión. El 2 de julio de 2006, el pequeño esperaba una aventura emocionante en un Beaver DHC‑2 de la compañía Himmelsschreiber, que ofrecía recorridos de 20 minutos a unos 600 m de altura bajo un clima cálido y una visibilidad excelente.
Despegue sin contratiempos
Alrededor de las 10:30 a.m., el piloto Jörg S., también director de la empresa, puso en marcha la aeronave en el puerto deportivo cercano al puente Überseebrücke. A bordo iban el niño, su padrastro y tres pasajeros más, procedentes de Hamburgo, Baja Sajonia y Bremen. El despegue transcurrió sin problemas y, a las 10:36 a.m., el piloto informó al control de tráfico aéreo que había tomado altura. La embarcación se dirigió hacia el norte por el Elba y, tras un giro a la derecha, se dirigió al sur.
Problemas en el aire
Justo antes de cruzar el Veddeler Damm, testigos escucharon que el motor se apagó. La aeronave perdió altitud y el piloto emitió un mensaje de radio incomprensible. De pronto, se produjo un incendio a bordo. Intentó realizar un aterrizaje de emergencia sobre las vías de la estación portuaria Hamburg‑Süd. El avión tocó tierra primero con el ala derecha; los flotadores se desprendieron y la máquina cayó sobre un vagón, provocando que el fuselaje, motor, cola y alas se incendiaran. Cuatro de los seis ocupantes fallecieron al instante, incluido el niño de 12 años, mientras su madre presenciaba la tragedia desde el punto de partida.
Respuesta de los servicios de emergencia
Unos 115 efectivos de bomberos, rescate y policía acudieron al lugar. Encontraron restos envueltos en llamas, escombros esparcidos entre los vagones y, en medio de las vías, el bloque motor con la hélice doblada.
Supervivencia del padrastro
El padrastro de 38 años, que estaba sentado junto al piloto, logró liberarse y fue trasladado al hospital con quemaduras graves que cubrían alrededor del 40 % de su piel. Su estado era crítico y fue puesto en coma inducido. Tras cuatro semanas pasó a una fase estable en cuidados intensivos y, tres meses después, pudo ser trasladado a otra unidad. Las secuelas de sus lesiones lo acompañarían durante mucho tiempo.
El último "sky writer" alemán
Jörg S., de 52 años, era considerado un piloto extremadamente experimentado, con cerca de 1 000 despegues y aterrizajes anuales. Colegas y la BFU lo describían como responsable y entusiasta, y además era el último "sky writer" de Alemania, capaz de escribir mensajes en el cielo con aviones.
Tras el accidente, el piloto también logró escapar de los restos en llamas y comentó a los socorristas que había percibido una "caída de presión". Fue ingresado con quemaduras que afectaron al 80 % de su piel; sus probabilidades de supervivencia eran mínimas y falleció al día siguiente.
Antigüedad de la máquina, ¿un factor?
El Beaver DHC‑2 había recibido un motor totalmente revisado en abril de 2005 y había pasado una inspección rutinaria unas semanas antes del siniestro. Con 44 años de vida, la BFU explicó que la edad del avión no implicaba necesariamente un mayor riesgo, ya que muchos aviones antiguos están construidos con gran robustez. Sin embargo, en aeronaves monomotor siempre existe el riesgo de una falla del motor, y en un hidroavión el planeo es más difícil debido a los flotadores.
Causa del accidente
Tres meses después del suceso, la BFU determinó que la causa fue un incendio en el motor. El fuego se originó en los tanques del fuselaje y en el propio motor, provocando la parada del motor y el posterior choque. Los investigadores hallaron una fuga en el suministro de combustible entre la bomba y el carburador, aunque no pudieron precisar su origen exacto debido a los daños causados por el fuego. En esa fase del vuelo el piloto ya no tenía la posibilidad de alcanzar un sitio de aterrizaje más adecuado, lo que llevó al inevitable accidente que cobró la vida de cinco personas.