Historia de Europa

La catástrofe de nieve del invierno 1978‑1979

El crudo invierno de 1978‑79 sumió al norte de Alemania en un caos total. Tras una primera nevada extrema, en febrero de 1979 llegó otra gran nevada que activó la alarma de desastre en varias regiones.

Ese inicio de invierno quedó grabado en la memoria de los que lo vivieron. El 28 de diciembre de 1978 la temperatura rondaba los diez grados bajo cero, un típico deshielo navideño. De repente, masas de aire ártico de hasta –47 °C se encontraron con aire cálido y húmedo del Atlántico, provocando una caída brusca de hasta 30 °C en pocas horas y una intensa nevada acompañada de una fuerte tormenta.

Tormenta y nevada durante varios días

Al llegar el año 1979, el norte de Alemania quedó cubierto de nieve. Los ventisqueros alcanzaban varios metros de altura, bloqueando innumerables carreteras y derribando postes eléctricos bajo el peso de la nieve. Además, la costa del mar Báltico sufrió graves inundaciones que afectaron a distritos de Flensburg, Schleswig y Lübeck, y dañaron las instalaciones portuarias de Sassnitz, en la isla de Rügen.

Intervención de la Bundeswehr y el Ejército Popular de Alemania

Se declaró alarma de desastre en numerosos distritos; en Schleswig‑Holstein, 80 pueblos quedaron aislados. Helicópteros evacuaron a los atrapados y alrededor de 30 000 voluntarios de la Cruz Roja, la Bundeswehr, la Agencia Técnica de Socorro, los bomberos y otras organizaciones trabajaron sin descanso. En el norte de la RDA, el Ejército Popular de Alemania (NVA) desplegó tanques para abrir carreteras y vías férreas, mientras helicópteros suministraban alimentos y medicinas.

Rügen aislada del resto

En la isla báltica de Rügen, 40 municipios quedaron incomunicados durante varios días. Los ventisqueros, de hasta seis metros y mezclados con arena, se asemejaban a bloques de hormigón, dificultando la labor de los socorristas. El NVA tuvo que volar los montículos de nieve que bloqueaban la línea férrea Bergen‑Sassnitz. Durante dos semanas, la vecina Hiddensee solo recibió suministros por aire o trineos tirados por caballos sobre el mar Báltico congelado. El tráfico marítimo se paralizó en puertos como Flensburg, Kiel, Wismar y Rostock por los enormes campos de hielo.

Los agricultores en apuros

Los granjeros fueron de los más afectados. Sin electricidad, las máquinas de ordeñar dejaron de funcionar y los animales tuvieron que ser ordeñados a mano. La falta de alimentos concentrados y la imposibilidad de recolectar leche obligó a muchos a congelar la leche en láminas plásticas.

Colapso total del suministro eléctrico en la RDA

En la RDA, el suministro eléctrico colapsó en varios momentos, ya que la extracción de lignito en el sur se vio interrumpida por el frío, fuente principal de energía y calefacción. La gente pasaba la noche helada en sus hogares. En Lubmin, cerca de Greifswald, la central nuclear “Bruno Leuschner” mantuvo la producción, cubriendo alrededor del 10 % de la electricidad de Alemania Oriental.

Hamburgo sufre pocos daños

En Hamburgo, la tormenta de hielo dificultó el tráfico marítimo, pero la ciudad sufrió menos que el resto del norte. El aeropuerto de Fuhlsbüttel tuvo que suspender temporalmente los vuelos porque la nieve cubría las luces de guía de la pista. El transporte público urbano continuó funcionando y, a diferencia de otras ciudades, no hubo cortes de energía gracias a la sustitución de la mayor parte de las líneas aéreas por cables subterráneos tras la inundación de 1962.

El alcalde Hans‑Ulrich Klose pidió a los ciudadanos que ayudaran a despejar la nieve; el ayuntamiento puso a disposición palas, escobas y quitanieves, llegando a reunir 300 palas sólo en el edificio municipal. La inusual nevada también permitió que muchos habitantes practicaran esquí de fondo en los parques, bajo la guía del campeón olímpico Georg Thoma en la “Dammtor‑Loipe”.

Segundo episodio de caos en febrero de 1979

El 13 de febrero se activaron nuevamente alarmas de desastre, sobre todo en Baja Sajonia (Frisia Oriental, Oldenburg y Rotenburg/Wümme). La nieve interrumpió el suministro eléctrico y bloqueó vías férreas, obligando a despejar continuamente los carriles y los cambios de vía.

En Schleswig‑Holstein, la costa báltica volvió a quedar paralizada: el hielo alcanzaba hasta dos metros frente a Kiel y Flensburg, dejando varados unos 80 buques en el fiordo de Kiel y cerrando el Canal de Kiel. Entre Ascheberg y Preetz, 40 pasajeros fueron rescatados de un tren atrapado mediante helicóptero y cabrestante.

Nieve hasta mayo

El norte de Alemania permaneció cubierto por una gruesa capa de nieve durante semanas. En Husum la nieve no se derritió hasta el 20 de mayo de 1979.

Según el investigador de crisis Frank Roselieb, el crudo invierno causó 17 fallecimientos sólo en la República Federal, aunque el número exacto no se conoce. Sin embargo, la adversidad también generó solidaridad: “Fue una convivencia increíblemente amable; la gente volvió a conversar, despejamos los caminos juntos y el sentido de comunidad quedó grabado en mi memoria”, recordó el bombero Johann Müller.

¿Podría repetirse una catástrofe similar?

¿Un invierno tan extremo como el de 1978‑79 es posible hoy? Los meteorólogos no lo descartan, aunque los inviernos extremadamente fríos son cada vez más raros por el cambio climático. Los gobiernos actuales cuentan con planes de contingencia más estructurados; se dispondría de generadores de emergencia en granjas y se podrían gestionar mejor los cortes de energía y de comunicaciones.