Por Henning Strüber, NDR.de
El 30 de enero de 1979, el Politburó del Comité Central del SED decidió crear lo que se convertiría en uno de los mayores vertederos de residuos peligrosos de Europa. Eligieron la zona de exclusión entre Selmsdorf y Schönberg (actual distrito del noroeste de Mecklemburgo), a solo 14 km en línea recta de Lübeck y a 200 m del asentamiento más cercano. Se seleccionó el área alrededor del monte Ihlenberg, de 82 m de altura, y se fundó la "VEB Deponie Schönberg". La participación ciudadana fue mínima y los estudios de suelo, profundidad, aguas subterráneas y capas geológicas fueron inexistentes o se mantuvieron en secreto.
Primero escombros, luego residuos peligrosos
En mayo de 1979 llegaron los primeros camiones cargados con escombros de la zona de Lübeck. En los primeros meses se depositaron 15 000 toneladas en el Ihlenberg. Desde 1980 se empezaron a añadir residuos peligrosos, sin la capa de base que hoy se exige. A principios de los años 80 surgieron alertas sobre los altos niveles de dioxina y sus posibles efectos en la salud de los trabajadores, pero la aceptación de los desechos tóxicos continuó.
Intenso tráfico transfronterizo este‑oeste
Años antes del colapso del socialismo, el Ihlenberg operaba bajo la lógica del mercado libre, pues su objetivo real era conseguir divisas para la escasa tesorería de la RDA. El Departamento de Coordinación Comercial (KoKo) del Ministerio de Comercio Exterior de la RDA ideó un negocio sencillo y rentable: convertir residuos en dinero. La recogida de basura a precios permanentemente bajos, mucho más baratos que en Occidente, generó una gran demanda. En poco tiempo surgió un tráfico fronterizo activo, transportando basura de Alemania y, más tarde, de toda Europa.
Vertedero y mina de oro
El comercio de residuos prometía ganancias sustanciosas. Prácticamente todo lo que el Occidente quería desechar terminaba en el vertedero: escombros de construcción, residuos domésticos e incluso residuos tóxicos. Se depositaron suelos contaminados del antiguo puerto de Dublín, polvo de trituradoras de automóviles y barriles sospechosos de contener dioxina del caso Seveso. Hasta hoy no se conoce con exactitud qué se encuentra bajo tierra. En la RDA el lema parecía ser: lo importante era que la caja registradora sonara. Y así fue: KoKo habría ganado alrededor de 250 millones de DM para la tesorería del Estado hasta la caída del Muro. El negocio de la basura, al igual que la exportación de arte y el rescate de prisioneros, se convirtió en una actividad controvertida y floreciente para KoKo.
La sombra de la montaña de basura
Los millones generados en Mecklemburgo no evitaron el colapso de la RDA. La VEB pasó a ser fiduciaria y el Estado de Mecklemburgo‑Pomerania Occidental adquirió el vertedero por diez millones de marcos alemanes, convirtiéndolo en la Deponie Ihlenberg. Tras la reunificación, el negocio siguió prometiendo ingresos, pero los problemas se hicieron más evidentes. Ya en la era de la RDA existía una red poco transparente de socios comerciales en Oriente y Occidente que siguió gestionando la adquisición de residuos después de 1990. En 1993 la Contraloría del Estado denunció un "sistema de apropiación de beneficios"; los contratos desfavorables provocaron una pérdida de unos 100 millones de DM para Mecklemburgo‑Pomerania. La supuesta mina de oro resultó ser una tumba de millones de dólares.
Consecuencias políticas
El escándalo de la compra del vertedero en 1993 costó sus cargos a la entonces ministra de Medio Ambiente de Mecklemburgo‑Pomerania, Petra Uhlmann, y al secretario de Estado Peter‑Uwe Conrad. El abogado y político FDP Wolfgang Kubicki, que asesoró al Estado en las negociaciones, recibió una remuneración de 860 000 marcos. El Estado lo demandó por presunto consejo deficiente; tras años de litigio, el Tribunal Federal de Justicia falló a favor de Kubicki. Aunque renunció como presidente estatal del FDP, el caso no le impidió intentar un regreso.
Peligros latentes
La parte antigua, llenada entre 1979 y 2005 con unos 18 millones de metros cúbicos sobre 60 ha, se selló extensamente desde 2011. Desde entonces, los residuos se depositan en un nuevo vertedero contiguo bajo normas técnicas modernas. En 2011 se eliminaron 622 000 toneladas, de las cuales 426 000 toneladas eran residuos altamente contaminados procedentes de incineración, escombros, asbesto y suelos excavados. Iniciativas ciudadanas, ecologistas y partidos políticos han exigido repetidamente el cierre del vertedero. Un estudio de 2008 mostró que la tasa de cáncer entre los empleados era casi el doble que la población general, aunque aún no se exige un monitoreo a largo plazo por parte de los expertos.
Protestas ciudadanas detienen el transporte de lodos de asbesto
El agua superficial está catalogada como posible amenaza para el abastecimiento de agua potable, debido a la falta de sellado basal en algunas áreas. Además, se detectaron niveles elevados de tritio radiactivo en el lixiviado de la zona antigua. En 2011 el vertedero volvió a los titulares por los planes de transportar lodos de asbesto desde la región de Hannover; tras intensas protestas, el Estado de Mecklemburgo‑Pomerania canceló la entrega del residuo tóxico sin empaquetar.