En 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, la industria editorial alemana estaba paralizada. El Rowohlt Verlag de Hamburgo revitalizó el negocio publicando novelas en papel de periódico. La verdadera revolución llegó el 17 de junio de 1950 con el lanzamiento del libro de bolsillo "rororo".
Por Yasmin Sibus
"Miren qué resistentes son", dijo Heinrich Maria Ledig‑Rowohlt mientras mostraba un ejemplar a un banquero del Deutsche Bank. "Pueden quedarse al aire libre, llover sobre ellos y seguirás leyendo mañana". Así describió el editor en una entrevista para Playboy en 1978 el origen de los paperbacks en la joven República Federal. El banquero rechazó invertir en el proyecto y prefirió destinar varios millones de marcos a un empresario suabo que instalaba radios en floreros, empresa que terminó en bancarrota. Rowohlt, por su parte, encontró un inversor privado y el 17 de junio de 1950 puso a la venta sus primeros libros de bolsillo, convirtiendo el nombre "rororo" en sinónimo de formato práctico y económico.
El gobierno militar envía a los editores alemanes al extranjero
Heinrich Maria Ledig‑Rowohlt, hijo ilegítimo del famoso editor Ernst Rowohlt, recibió en noviembre de 1945 una licencia de publicación para Stuttgart del gobierno militar estadounidense. Con una licencia británica, su padre pudo reactivar el Rowohlt Verlag en Hamburgo un año después. En 1949, Ledig‑Rowohlt viajó a EE. UU. y, junto a otros editores seleccionados por el gobierno militar, estudió la industria editorial estadounidense, que funcionaba como una empresa industrial. El Börsenblatt für den Deutschen Buchhandel consideró que esas diferencias culturales dificultarían el éxito del modelo americano en Alemania, pero Ledig‑Rowohlt quedó entusiasmado.
Novelas en papel de periódico: los "rotoroman" de Rowohlt
El predecesor del paperback, el Rowohlt Rotations‑Roman (RO‑RO‑RO), apareció en otoño de 1946. Con imprentas destruidas y papel escaso, los libros se imprimieron en papel de periódico de gran formato, costando entre 50 pfennig y 1,50 marcos por ejemplar. Con una tirada de 100 000 copias por título, se agotaban en pocos días. La reforma monetaria devolvió el poder adquisitivo a la Alemania occidental y, con ella, el deseo de leer. Aun así, Ernst Rowohlt dudaba de introducir los "libros de bolsillo". La amenaza de bancarrota en el Elba obligó a una fusión con la editorial de su hijo, quien aceptó bajo la condición de contar con total libertad para desarrollar el formato.
De manuscrito a libro en 14 días
El primer lote de paperbacks se financió con 100 000 marcos aportados por el acaudalado Niklas Fürst Salm‑Salm. El autor Gregor von Rezzori convenció al inversor de que la inversión valía la pena. Las primeras ediciones se imprimieron en 1950 en Leck (Frisia del Norte) por Christian Jessen Sohn y, más tarde, por la gran imprenta Clausen & Bosse. Se utilizó una máquina rotativa de los años 30 que imprimía dos libros por hoja, ahorrando tiempo. El encuadernado se realizó con un novedoso proceso de pegado desarrollado por Emil Lumbeck en la empresa Hans Ehlermann de Verden. Según Ernst Rowohlt, el tiempo máximo desde el manuscrito hasta el libro terminado era de 14 días. Las portadas, de colores llamativos, fueron diseñadas para captar la atención. El primer lote de 200 000 copias salió a la venta a 1,50 marcos.
Los primeros títulos: Fallada, Tucholsky y Kipling
Los cuatro títulos iniciales fueron Pequeño hombre, ¿y ahora qué? de Hans Fallada, El castillo de Gripsholm de Kurt Tucholsky, El abismo de la vida de Graham Greene y El libro de la selva de Rudyard Kipling. Otros ocho volúmenes siguieron en octubre. En marzo de 1952 ya había 50 títulos con una tirada total de 2,8 millones de ejemplares. Pronto se sumaron editoriales como Fischer, Goldmann y Ullstein. Según una encuesta, los lectores eran mayormente profesionales (doctores, abogados, ingenieros) y jóvenes universitarios. Rowohlt afirmaba que su objetivo era impulsar a autores emergentes.
Un libro pequeño, grandes innovaciones y una página publicitaria
Los libros baratos y manejables no eran novedad, pero sí lo fueron la impresión rotativa rápida, el pegado en lugar del cosido, las portadas vistosas, la alta tirada, la publicación periódica y, sobre todo, el bajo precio. Para mantener el costo bajo, cada paperback incluía una página publicitaria en el interior. Primero anunciaba cigarrillos de la compañía hamburgesa Reemtsma, luego aceites minerales y perfumes. Los editores y lectores conservadores protestaron contra lo que consideraban publicidad "de mal gusto y anti‑cultural"; Ernst Rowohlt recomendó simplemente arrancar la página si molestaba.
Surgen series como rororo aktuell y Thriller
Con el tiempo Rowohlt dejó de publicar solo novelas y lanzó series de enciclopedias, clásicos y monografías. En 1961 apareció la primera edición de rororo aktuell, iniciada con La alternativa o ¿necesitamos un nuevo gobierno? de Martin Walser, una obra de no‑ficción política. Fritz J. Raddatz dirigió la serie durante años turbulentos. También se introdujo una colección de thrillers; aunque el padre, Ernst, se mostró escéptico, Ledig‑Rowohlt logró convencerlo de que existían "novelas policiales literarias".
280 millones de paperbacks solo de Rowohlt
Heinrich Maria Ledig‑Rowohlt y Ernst Rowohlt compartían una gran pasión por la literatura. Su visión perduró décadas después de su muerte, sobre todo a través de los paperbacks. Hasta la fecha, Rowohlt Verlag ha publicado 12 523 títulos en formato de bolsillo, acumulando unas 280 millones de copias. Uno de los más vendidos en los últimos años es Tschick de Wolfgang Herrndorf, que ha superado los tres millones de ejemplares desde su publicación en 2010.