Entre 1923 y 1935, al menos doce niños vestidos con uniformes de marinero fueron encontrados muertos en el norte de Alemania. Las víctimas parecían haber fallecido de forma pacífica, sin señales de violencia externa, y fueron halladas dentro de un refugio de pinos. Aunque solo se recuperaron doce cuerpos, las autoridades sospecharon que el asesino pudo haber llegado a matar a cerca de un centenar de niños.
Adolf Seifeldt, apodado "Tío Tictac"
Seifeldt se cruzó con sus víctimas durante sus viajes. Cuando no estaba en prisión, trabajaba como relojero en el norte de Alemania y, según la gente del lugar, se hacía llamar "Tío Tictac". Nació en Potsdam el 6 de marzo de 1870 y creció en un entorno familiar conflictivo: su padre era alcohólico y su madre mantenía múltiples relaciones extramatrimoniales. A los doce años, el niño fue abusado por dos hombres.
Su primera condena llegó a los 25 años, tras ser detenido por abusar sexualmente de un menor. El caso llamó tanto la atención que fue enviado a un internado psiquiátrico. A lo largo de su vida, alternó entre cárceles y manicomios por reiterados delitos de carácter sexual.
Causa de muerte inexplicable
En 1935, el consejo criminal Hans Lobbes logró detener a Seifeldt, convirtiendo el caso en su investigación más destacada. El juicio comenzó en enero de 1936 ante el jurado de Schwerin y se extendió durante 32 días. Aunque nunca se logró demostrar legalmente que él fuera el autor de los asesinatos, las pruebas circunstanciales apuntaban en su contra. Los cuerpos estaban íntegros y sin indicios de trauma físico. Seifeldt negó durante mucho tiempo los crímenes; sólo en interrogatorios posteriores admitió haber envenenado a sus víctimas, alegando que el veneno que mezcló, bajo presión policial, sólo habría sido letal para un ratón, no para un ser humano.
El 23 de mayo de 1936, Adolf Seifeldt fue ejecutado en Schwerin mediante guillotina. Hasta el día de hoy, la causa exacta de la muerte de los niños sigue sin esclarecerse.