por Werner Junge
«Bombas de los Grandes Agricultores» – este libro dio a conocer a Hans Fallada.
En 1929, la provincia prusiana de Schleswig-Holstein vivía un año de tensión. Los agricultores se rebelaban: cosechas escasas, la importación masiva de trigo hundía los precios, mientras los intereses y los impuestos se mantenían altos. La República de Weimar no les ofrecía soluciones; al contrario, intensificaba los arrestos y, con la policía, trataba de cobrar deudas. El 1 de agosto de 1929 estalló una nueva protesta en Neumünster, con unos 3.000 agricultores marchando. Al frente, Walter Muthmann portaba una bandera negra con un arado blanco y una espada roja, símbolo del nuevo movimiento campesino. La policía, sin aceptar el emblema, cargó contra la marcha con sable desenvainado. Se produjo una revuelta, hubo sangre y, al final, la bandera quedó en manos de la autoridad. Ese día quedó registrado en la historia local como el “Jueves Negro”.
Consecuencias
La violenta incautación de la bandera provocó un boicot de los agricultores a Neumünster. Los mercados se paralizaron, no se entregaron víveres y los suministros dejaron de llegar a Schwalestadt, lo que supuso un golpe duro para los aproximadamente 40.000 habitantes de la ciudad. Las industrias del cuero y la confección se vieron devastadas. Tras la crisis llegó la Gran Depresión y, después, el prolongado boicot. Sólo dieciséis meses después, en noviembre de 1930, el alcalde cedió y la bandera fue devuelta al movimiento campesino en una ceremonia oficial.
Un movimiento sin estructuras
El movimiento campesino sólo existía en Schleswig-Holstein y, a diferencia de las asociaciones agrícolas tradicionales, no desarrolló ninguna estructura organizativa. Contaba con dos líderes principales: Wilhelm Hamkens, de Eiderstedt, que estuvo preso en Neumünster hasta el “Jueves Negro”, y Claus Heim, originario de Norderdithmarschen. En enero de 1928 el movimiento ganó notoriedad a nivel nacional cuando 140.000 agricultores se manifestaron en las 20 ciudades del distrito de la provincia. Hamkens y Heim siguieron caminos distintos; Heim estuvo detrás de varias bombas que explotaron frente a oficinas distritales a partir de mayo de 1929, aunque los atentados sólo causaron daños materiales significativos.
Testimonio contemporáneo: Rudolf W.F. Dietzen
Rudolf Wilhelm Friedrich Dietzen, quien se describía a sí mismo como “redactor auxiliar”, presenció el “Jueves Negro” y participó en los procesos posteriores. En 1931 plasmó sus recuerdos en la novela Bauern, Bonzen und Bomben. Bajo el seudónimo Hans Fallada, el libro se convirtió en su gran éxito. Aunque en la obra Neumünster se llama “Altmark” y los protagonistas reciben nombres ficticios, la novela ofrece una imagen muy precisa del final de la República de Weimar en Schleswig-Holstein y del llamado “movimiento campesino”.
Campesinos y el Partido Nacional‑Socialista
El historiador y futuro ministro Gerhard Stoltenberg, al estudiar las corrientes rurales de Schleswig-Holstein entre 1918 y 1933, observó que el comportamiento electoral del norte contradecía la tendencia nacional. Tras la Primera Guerra Mundial, la región votaba al partido rojo, pero al final de la República de Weimar se orientó al extremo opuesto. En 1929 el NSDAP obtuvo sus mejores resultados, sobre todo en las zonas donde el movimiento campesino tenía mayor influencia. Existieron contactos entre los nazis y el movimiento; el Gauleiter Hinrich Lohse intentó delimitar su actuación. Claus Heim, condenado a siete años por los atentados, fue liberado en 1932. Mantuvo sus ideas, pero se mantuvo alejado de los nazis y su ideología.