Por Dirk Hempel, NDR.de
La era de la velocidad en Alemania comenzó en el siglo XIX con la diligencia de correo exprés. En 1821 se introdujo la primera diligencia en Prusia, siguiendo el modelo francés, y pronto otros países adoptaron la innovación. El 1 de julio de 1841, Hamburgo y Lübeck pusieron en marcha su propio servicio.
Maravillas tecnológicas
La diligencia de cuatro caballos podía transportar a 15 pasajeros bajo techo, ofreciendo protección contra la lluvia y la nieve. Los "autocares de correo rápido" eran auténticas obras de ingeniería: el carruaje reposaba sobre varios resortes de acero que amortiguaban los golpes, y los compartimentos estaban amueblados con elegancia y comodidad. Los viajeros describían la experiencia como "flotar suavemente" sobre los recién construidos caminos artificiales, entonces llamados carreteras de piedra.
Una verdadera revolución: un coche abierto que llevaba paquetes y pasajeros circulaba tres veces por semana entre las ciudades hanseáticas. Sin embargo, el carruaje sin suspensión resultaba extremadamente incómodo, avanzaba despacio por caminos sin asfaltar y se quedaba atascado en barro y baches cuando llovía. El trayecto duraba al menos doce horas y no había hora de llegada fiable. Con la nueva diligencia exprés, el tiempo se redujo a seis horas y cuarenta‑y‑cinco minutos.
Joint venture transfronterizo
La diligencia Lübeck‑Hamburg es una empresa conjunta internacional en la que participan las oficinas de correos municipales de las ciudades libres y hanseáticas de Hamburgo y Lübeck, junto con el Royal Danish Post Office. El carruaje también hacía paradas en estaciones de la entonces holandesa Dinamarca‑controlada de Holstein y transportaba pasajeros y correspondencia hacia Copenhague vía Lübeck.
En la B 75, entre Hamburgo y Lübeck, monumentos históricos como el situado en Ahrensburger Straße, Tonndorf, recuerdan la época de la diligencia.
La salida se realizaba en Hamburgo, desde la oficina real danesa en Grote Bleichen, a las siete de la mañana. El postilón tocaba la señal de bocina al minuto. La ruta inicial pasaba por Kayhude y Bargfeld‑Stegen, con paradas intermedias en Ochsenzoll y Oldesloe, y después siguió el nuevo trazado que hoy corresponde a la autopista federal 75.
Organización rigurosa para el éxito
El cumplimiento del horario se convirtió en la máxima prioridad. Los viajeros debían adquirir su billete en la oficina de correos el día anterior y estar listos quince minutos antes de la salida. Cada pasajero podía llevar un máximo de 100 kg de equipaje. La diligencia era arrastrada por una segunda carrocería, la llamada "Beichaise", lo que facilitaba y aceleraba el servicio comparado con el antiguo correo móvil.
Los pasajeros solo podían llevar equipaje de mano reducido, como un libro o papelería de viaje. Objetos voluminosos —espadas, mantas para pies o parasoles— sólo estaban permitidos si no molestaban a los demás; los perros estaban prohibidos.
Cuatro caballos potentes tiraban del carruaje, que disponía de una cabina con seis asientos, un coupé delantero y otro trasero de tres asientos cada uno, y tres asientos externos. La velocidad alcanzaba los diez kilómetros por hora, el doble que el antiguo coche de correo. Las paradas eran breves, solo en Ochsenzoll y Oldesloe, y el cambio de caballos se realizaba en menos de cinco minutos, anunciados por una señal de bocina especial que indicaba el número de caballos necesarios.
Puntualidad como norma
El recorrido, de 8,5 millas (aprox. 13,7 km) entre Hamburgo y Lübeck, se marcaba en una piedra indicadora. A mediados del siglo XIX, las diligencias cubrían toda Alemania; en Baviera, por ejemplo, transportaban 200 000 personas al año. Surgió un nivel de puntualidad nunca visto: las oficinas de correos instalaron relojes con campanadas, los postilones recibieron cronómetros de precisión y, a partir de entonces, las sanciones por retrasos se midieron en minutos, no en horas.
La diligencia llegaba a Lübeck a la 1:45 p.m., cubriendo los 60 km hasta el mercado de caballos en la Trave en seis horas y cuarenta‑y‑cinco minutos, el doble de rápido que el viejo coche de correo. Al día siguiente, partía de regreso a Hamburgo a las seis de la mañana.
Alemania en la carrera de la velocidad
La velocidad de los carruajes exprés era asombrosa. "Casi vuelas hacia adelante", escribió entonces la "Revista de Viajes y Viajeros". Entre Hamburgo y Lübeck, el tiempo de desplazamiento se redujo drásticamente, acelerando la difusión de noticias, periódicos y cartas, y acercando a las personas. Johann Wolfgang von Goethe llegó a ver en la diligencia y sus carreteras las condiciones para una Alemania unida.
Críticas al progreso
El progreso también generó detractores. Se lamentaba la pérdida del cómodo viaje en el antiguo coche de correo y la “punitiva puntualidad” de los horarios modernos, que incluso dictaban el número y la duración de las comidas en trayectos largos. Los accidentes eran frecuentes; en 1863, un trabajador murió en Hamburgo al ser atropellado por una diligencia frenética cerca de la bolsa de valores, justo cuando intentaba cruzar la calle con una carretilla. Además, el servicio no era rentable: las ciudades hanseáticas debían pagar subsidios anuales, y Hamburgo gastaba más de 1 000 marcas.
El tren, aún más rápido
Alrededor de 1900, los carruajes de correo seguían formando parte de la vida cotidiana en Hamburgo, como se observa en la foto de Stephansplatz frente a la Oberpostdirektion. Sin embargo, en la última tercera parte del siglo, el ferrocarril sustituyó a las diligencias entre las metrópolis. La última diligencia a Lübeck partió de Hamburgo el 31 de julio de 1865, pues el tren de vapor necesitaba solo una hora y media entre la Alster y la Trave. La velocidad se cuadruplicó, al igual que la movilidad de personas, mensajes y mercancías. Los carruajes de correo continuaron circulando de pueblo en pueblo hasta la década de 1930, pero la aceleración de la vida ya no podía detenerse.