Historia de Europa

La República de Weimar

Tras la Primera Guerra Mundial, el Imperio Alemán quedó derrotado. Las dificultades diplomáticas desencadenaron una revolución que dio paso a una primavera democrática, aunque la joven república no contó con buena fortuna desde sus inicios.

La culpa exclusiva por la guerra y los duros términos del Tratado de Versalles supusieron una carga pesada. Corrientes radicales de izquierda y derecha ganaron fuerza, mientras crisis económicas, inflación y desempleo minaron la confianza popular en la incipiente democracia.

Una Alemania al borde del colapso

En otoño de 1918, en los últimos días del conflicto, el Alto Mando, el Kaiser y los generales se hallaban en un callejón sin salida militar y político.

Después de cuatro años de crueles batallas, Alemania agotó sus recursos y ya no podía resistir la presión de los Aliados, que empujaban la línea del frente hacia su territorio. La derrota era inevitable y la rendición, sólo cuestión de tiempo.

Resultaba difícil para los dirigentes del Reich y del ejército admitir la derrota. Comunicarla al pueblo, que sufría privaciones extremas, parecía una tarea que preferían delegar.

Los miembros del gobierno civil, odiados parlamentarios, debían asumir la responsabilidad política de una guerra iniciada por los generales imperiales.

La República de Weimar

El desempleo masivo caracterizó a la República de Weimar.

Sin embargo, la irresponsabilidad de la élite imperial dio origen a la primera república democrática en suelo alemán. Incluso bajo el canciller Bismarck había intentos democráticos en el parlamento.

Solo al borde de la capitulación se consolidó la primera democracia parlamentaria del Reich, con los partidos como portadores del poder político.

Revolución de Noviembre de 1918

El 4 de noviembre de 1918, marineros de Wilhelmshaven y Kiel se amotinaron, rehusando participar en una última y sin sentido batalla naval.

Una ola de levantamientos se extendió por todo el país, sumándose soldados y obreros. Surgieron consejos de trabajadores y soldados, y se intensificó la exigencia de la abdicación del Kaiser y del establecimiento de una república.

El 9 de noviembre, la revolución alcanzó Berlín. El canciller príncipe Max von Baden, nombrado por el Kaiser Guillermo II, proclamó la abdicación del monarca y entregó sus funciones al socialista Friedrich Ebert, líder del SPD desde 1913: "Señor Ebert, le encomiendo el Reich alemán".

Ebert buscó convocar una asamblea nacional lo antes posible para redactar una constitución y decidir si el futuro de Alemania sería una república parlamentaria o una monarquía.

El objetivo principal del SPD era controlar los tumultos revolucionarios y evitar que los simpatizantes de Moscú impusieran un modelo soviético.

Para aislar a la izquierda radical, el SPD necesitaba pactar con los líderes del USPD, partido que se había escindido durante la guerra y se había desplazado más a la izquierda.

En ese contexto surgió el rumor de que Karl Liebknecht, líder de los Spartacus, pretendía proclamar una república socialista.

El nacimiento de la nueva república

Al mediodía del 9 de noviembre, multitudes revolucionarias se congregaron frente al Reichstag. Philipp Scheidemann, miembro del SPD, fue instado a hablar desde la ventana del edificio.

Emocionado por el momento histórico, Scheidemann fue más allá de simplemente anunciar el fin del antiguo orden: a las 12:00 proclamó la "República Alemana".

Ebert, sorprendido, le replicó: "¡No tienes derecho a proclamar la república! Solo una asamblea constituyente decidirá el futuro de Alemania".

Dos horas después, a las 14:00, Karl Liebknecht anunció desde el balcón del Palacio de la Ciudad de Berlín la "República Socialista Libre de Alemania".

La República de Weimar

Ese mismo día, Ebert comenzó a formar un gobierno provisional, el Consejo de Representantes del Pueblo, integrado por tres miembros del SPD y tres del USPD, para evitar la instauración de una república soviética.

El consejo acordó convocar elecciones a la Asamblea Nacional para el 19 de enero de 1919.

El 10 de noviembre, el Kaiser se exilió y los socialistas moderados prevalecieron sobre la minoría radical, sentando las bases de una democracia parlamentaria.

Problemas heredados y sanciones

El 11 de noviembre, Matthias Erzberger, del Partido Centro, firmó el armisticio. Alemania quedó sumida en el shock.

La Gran Guerra dejó diez millones de muertos y veinte millones de heridos; casi dos millones de soldados alemanes fallecieron y más de cuatro millones resultaron mutilados.

El país enfrentó una guerra civil en las calles, caos y hambre, mientras ocho millones de soldados debían ser desmovilizados e integrados nuevamente.

Además, el Tratado de Versalles impuso enormes reparaciones: en 1921 una comisión aliada fijó la deuda en 132 mil millones de marcos de oro, a pagar en treinta años, una carga que el agotado país apenas podía soportar.

Un nuevo comienzo democrático

El 19 de enero de 1919 se celebraron elecciones libres; por primera vez, las mujeres pudieron votar. La participación alcanzó el 83 %.

La Asamblea Nacional, temerosa de disturbios en Berlín, se instaló en Weimar, de donde tomó su nombre la constitución que estableció a Alemania como democracia parlamentaria.

El SPD se alzó como el partido más fuerte con el 37,9 % de los votos, y Friedrich Ebert fue elegido Presidente del Reich.

Ebert, figura clave de la República, buscó reconciliar a la joven democracia con la élite burguesa y facilitar la reintegración de los soldados.

Sin embargo, la República nació bajo una estrella poco favorable: la culpa de la derrota recayó sobre los demócratas, que debieron responder ante el pueblo y la patria.

La República de Weimar

El 6 de febrero de 1919, la Asamblea se reunió por primera vez.

Los duros términos de Versalles alimentaron el mito del "stab in the back", que culpaba a los políticos y a los revolucionarios de noviembre de la supuesta traición que habría evitado la derrota.

La gran cantidad de partidos reflejaba la profunda división de la sociedad alemana: desde monárquicos que querían restaurar el antiguo régimen, pasando por la derecha radical que anhelaba una dictadura, hasta la izquierda revolucionaria que aspiraba a una república soviética.

El parlamentarismo era despreciado por amplios sectores; Weimar llegó a describirse como una "democracia sin demócratas". Instituciones como la Reichswehr mostraron resistencia, aunque inicialmente respetaron la constitución.

Aunque la República de Weimar logró mantenerse durante catorce años, estuvo marcada por crisis económicas, problemas políticos casi insuperables y convulsiones sociales, pero también por esperanzas, logros diplomáticos brillantes y convicciones democráticas.