Historia de Europa

La caída del Reino Visigodo

Ansia por el trono

En los cuarenta años entre la muerte de Recésvinto y la de Rodrigo, cinco monarcas se sucedieron y se registraron al menos seis conspiraciones de gran alcance (por ejemplo, el duque Paulo) y, en ocasiones, éxitos como la deposición de Wamba a manos de Ervig.

El prefeudalismo de la época favoreció el aumento de clientelas nobles, reforzando los poderosos clanes familiares que competían por el trono. Los reyes alternaron políticas de represión (Wamba, Egica) con medidas de amnistía y tolerancia (Ervigio, Witiza) hacia la nobleza, lo que generó una monarquía inestable e insegura en sus últimos años.

La caída del Reino Visigodo

Problemas económicos

Los síntomas de declive son evidentes en el ámbito socio‑económico. Factores naturales como plagas y malas cosechas provocaron hambrunas que, a su vez, afectaron la demografía. Ante la escasez, reyes como Ervigio perdonaron impuestos atrasados.

Inseguridad

El descontento social se tradujo en un aumento de esclavos fugitivos, como indican las leyes más severas de inicios del siglo VIII. Estos servos se dedicaron a la bandolería en los caminos, sembrando miedo y robando armas a los campesinos. La legislación contra los judíos se endureció notablemente, y los relatos episcopales hablan de un creciente número de suicidios como escape de una existencia insoportable.

Aumento de tributos

La moneda se degradó en este último período; mientras que bajo Recésvinto y Wamba el triente mantenía buen peso, bajo Witiza se acuñaron monedas ligeras casi sin oro. Como consecuencia, los precios subieron, los impuestos se pagaban frecuentemente en especie y Ervigio introdujo nuevas multas pecuniarias para incrementar los ingresos del fisco.

Crisis del clero

El clero también atravesó una profunda crisis moral. El bajo nivel del episcopado obligó a los últimos concilios a promulgar extensa legislación disciplinaria para corregir los abusos de la alta jerarquía, que formaba parte de la minoría dominante, y de los clérigos menores inmersos en costumbres indignes.

Conclusión

Al comienzo del siglo VIII, el reino visigodo estaba sumido en una profunda crisis que minó su capacidad de resistencia. La falta de interés en el servicio militar, evidenciada en la famosa Ley militar de Wamba y su posterior derogación por Ervigio, junto con la división del ejército entre los clanes enfrentados de los witizanos y rodriguistas, dejó al reino indefenso ante la invasión islámica.