Jaime II fue sucedido en el trono aragonés por Alfonso IV (1327‑1336). Durante su breve reinado se produjo la revuelta sarracena (1329) en Cerdeña, con apoyo genovés. La tensión entre la Corona de Aragón y la República de Génova fue alta, aunque no desembocó en guerra. Alfonso IV contempló lanzar una cruzada contra los nazaríes de Granada, en coordinación con el monarca castellano Alfonso XI, proyecto que finalmente no se concretó.
Reinado de Pedro IV
Pedro IV (1336‑1387), apodado “el Ceremonioso”, desarrolló a lo largo de su extenso reinado una obra espectacular en numerosos campos. Contó con la valiosa colaboración de hombres como Bernat Cabrera y Francesc de Perellós. Uno de sus primeros logros fue la incorporación de Mallorca a sus dominios. El último rey independiente de la isla, Jaime III, fue derrotado en Santa Ponza (1343); años después, el intento de recuperar Mallorca culminó con la victoria del Ceremonioso en la batalla de Llucmajor (1349).
Pedro IV también destacó en el ámbito mediterráneo. Las revueltas sardas obligaron a Aragón a enfrentarse a Génova. En 1377, tras la muerte de su yerno Fadrique, rey de Sicilia, Pedro se proclamó soberano de la isla. Dos años más tarde, incorporó los ducados de Atenas y Neopatría, situados en el este del Mediterráneo.
Sus relaciones con Pedro I de Castilla fueron conflictivas y desembocaron en la guerra (1356‑1363). El monarca aragonés apoyó al bastardo Enrique de Trastámara, esperando a cambio el reino de Murcia, pero el acuerdo nunca se materializó. Las tensiones se resolvieron finalmente con la Paz de Almazán (1375).
En política interior, el Ceremonioso combatió tenazmente a la nobleza aragonesa, venciéndola en la batalla de Épila, y a la nobleza valenciana, derrotada en Mislata, ambos conflictos en 1348.
El hecho más relevante de su reinado fue la creación, en 1359, de la Diputación del General de Catalunya o Generalitat. Surgió de los «consejos de los Corts Catalanes», que inicialmente se reunían para supervisar el cumplimiento de los acuerdos. Estas asambleas, antes temporales, se convirtieron en una institución permanente integrada por representantes de los tres estamentos y tres auditores de cuentas.
Los últimos años del reinado de Pedro IV estuvieron marcados por una grave crisis financiera que se inició en 1381.
Sucesores de Pedro IV
En el reinado de Juan I (1387‑1396) las dificultades se intensificaron. Se produjeron nuevas rebeliones en Cerdeña y se perdieron los lejanos ducados de Atenas y Neopatría. La situación económica y social empeoró, especialmente para los campesinos remensas, que en 1388 proclamaron que “el tiempo de servidumbre ya había pasado”.
La falta de hijos varones de Juan I hizo que le sucediera su hermano Martín I (1396‑1410), apodado “el Humano”, entonces señor de Sicilia. Una nueva revuelta sarda llevó a Martín el Joven, rey de Sicilia, a dirigir la campaña contra la coalición sarda‑genovesa. La victoria en Sanluri (1409) fue breve, pues el joven monarca murió poco después, dejando sin herederos a la Corona de Aragón.
Mientras tanto, el descontento campesino crecía y las finanzas públicas seguían en declive, lo que motivó la creación en Barcelona (1401) de la Taula de Canvi, una especie de banco municipal.
La muerte de Martín I desencadenó una grave crisis sucesoria en la Corona de Aragón.