Introducción
Duodécima entrega de Archienemigos de Roma, escrita en colaboración con Gabriel Castelló.

Zenobia, la reina de Palmira
Zenobia de Palmira (nacida el 23 de diciembre de 245 en Palmira, Siria) fue una mujer culta, de fuerte carácter y gran visión política. Hija del influyente ciudadano Zabaii Ben Selim (conocido en crónicas romanas como Julius Aurelius Zenobius), se casó con Odaenathus, príncipe local y ciudadano romano desde la dinastía Severa.
Odaenathus ya ejercía la regencia de Palmira en 258, según una inscripción, y mantuvo la ciudad en relativo paz hasta la catástrofe de 260, cuando el emperador Valeriano fue capturado por el rey persa Shapur I en Édesa.
El vacío de poder que dejó la derrota romana permitió a Odaenathus tomar la iniciativa contra los sasánidas. Tras derrotar a los persas en la ribera del Éufrates, se proclamó Totius Orientis Imperator y recuperó territorios como Édesa, Carras y Nínive entre 262 y 266.
Su inesperada muerte, junto a su hijo mayor Hairán, a manos de su sobrino Maconius, dejó a Zenobia viuda y a su hijo Vabalato, aún menor, bajo la tutela del consejo de la ciudad.
Convencida de que Roma había urdido el asesinato, Zenobia se proclamó rebelde. Aprovechó el debilitamiento del Imperio y, apoyada por un ejército bien entrenado, conquistó gran parte de Asia Menor y, en 270, se adueñó de Egipto, donde depuso al pretendiente romano que allí se había instalado.
Políglota y culta, su corte albergaba a figuras como Pablo de Samosata y su discípulo Arius, precursor del arrianismo. Aunque se desconoce su afiliación religiosa, es probable que estuviera más cercana al zoroastrismo que al cristianismo.
El enfrentamiento con Aureliano
El ascenso de Zenobia puso en jaque al nuevo emperador Lucio Domicio Aureliano (desde 270). Tras sofocar revueltas en Italia y derrotar a los godos en Dacia, Aureliano dirigió sus legiones al Oriente. El Imperio de Palmira reconoció a Aureliano como emperador, pero mantuvo a Vabalato con el título de rex, lo que irritó al monarca romano.
En 272, tras rápidas campañas en Siria y Asia Menor, Aureliano sitió Palmira. Zenobia intentó huir a Persia con sus hijos, pero fue capturada y entregada al emperador.
La reina fue llevada a Roma, donde desfiló en el triunfo de Aureliano atada con cadenas de oro. Según la tradición, el emperador, impresionado por su dignidad, le concedió el exilio en una lujosa villa en Tibur (actual Tivoli), donde probablemente vivió como esposa de un senador.
Legado
Su caída marcó el fin de la independencia de Palmira, que fue saqueada y destruida poco después. Hoy, Palmira es un importante yacimiento arqueológico, conocido como la “Pompeya del desierto”. Para conocer más sobre esta época turbulenta, se recomienda la novela “Puertas de Seda” de Olalla García.

